miércoles, 24 de febrero de 2016

A MIS INCONCEBIBLES AMIGOS - Poesía

El deseo de mi bolígrafo hecho letra, etiquetado
en una pequeña cláusula de mi tinta.

A MIS INCONCEBIBLES AMIGOS

Eduardo Torres Isleño
Poesía
I
La parte impulsiva en tu silencio,
como el advenimiento de la lluvia estival  
sobre los arboles tristes del parque,
es donde resbala  tu sonrisa, siempre súbita,
siempre ambigua.
 Tu esporádica forma de hacer las cosas,
de golpear inconsciente al vacio con tu puño inerme y adictivo
--irremediable hermano mío, irremediable.
No soy capaz de retener tus pies en la memoria,
sin que estos no vayan al último centígrado de la muerte,
y en tu cara, advirtiendo que eres pulpa de alegría.
¡Oh, pequeño corazón! Además de egocéntrico,
pirómano, pedacito de ska, siervo del skate.

II
Diría tal vez, si no conociera tu piedad,
que eres el amigo mas terrorista que he tenido,
pero he visto mas allá del cabello insolente,
del bigote y la barba menuda
–Vaya que te he visto— En la calefacción de tu humildad,
 liberado de la constante rótula de tu mente que dice:
“fractura por ojo, lesión por diente”  
Te he visto reír tanto que tu risa parece palpable.
Si, te he visto, sin el deseo matinal de acribillar a alguien.
Y que diría de tu elocuencia,
si esta no fuera la más completa ramificación de locura,
incoherencia, desenfreno y a veces, de excesiva glucosa.
De ti diría mucho,
pero me basta con el departamento breve de tu existencia,
en esta cláusula,  pues nunca dejará de ser pilar y estamento,
de nuestra indivisa hilaridad.

III
Pensamos alguna vez de ti:
otro matemático percebe, indiscutible mejor promedio.
“Es que el triangulo de las bermudas no es lugar para grumetes”
Y bien que los sortilegios no dieron fe a la bajamar,
encallaste con la fragata abierta a nuestra  anticipación.
Teníamos entonces, la bandera bioquímica de la pubertad,
nuestra calavera primeriza en la preparatoria.  
No te echaríamos por la borda…
Piratas como nosotros no devoran carne humana (al menos la femenina).

IV

Los días en que no amaina la siega,
el solano que se escabulle entre los sembradíos,
y todo huele a campo, a hierba, a heno.
 Esos días donde tú prefieres ir a entrenar a las regiones de kanto,
a cazar monstruos con tu armadura de aluminio,
y en tu saco, una red mágica para el kraken, o el leviatán. 
Se que la mies pasara de largo,
mientras tu dibujas quimeras, dragones, caballeros del zodiaco,  
y se también que al horizonte del universo, 
donde  aun no ha llegado el  apocalipsis,
desde hace tantas épocas mitológicas,
esperas incitado, escorpión, el fin.

V

Tus dedos ilustres, aromatizantes para rondallas, tríos y mariachis, admiro.
Me es difícil confeccionar metáforas en lo que a tu ánima respecta,
podría, tal vez…
el vaho de un grafiti dormitando en la bohemia hosca del roble…
¡exagero, sin duda!
No lo se, la mente mas que en blanco esta en shock,
y de ello a nadie mas acuso que a tu mecánico rostro,
 que no sabe denotar mas que una fija serenidad
–es terrorífico hasta que sonríes—
sin embargo continua prolongado, inexpresivo ,
tan propio de las maquinas que dudo de tu humanidad,
omnívoro amigo, apasionado hermetismo del violín.

VI

¿Hasta cuando dejaras de anexar muchachas desconocidas?
 ¿Hasta que la cutícula que te envuelve en el rock de garaje se quiebre,
o el facebook haya declinado?  
Entonces ya no te servirá la nostalgia,
y en tus ojos extenuados,  distendidos por tu falsa inocencia,
habrá un vacio infundado,
 en cada anochecer distante de las citas a ciegas.
Conservarás la guitarra, la armónica, el piano,
y de nuevo encenderemos hogueras,
como un espectáculo de antaño,
al que nos reuníamos para cantar y desvelarnos,
ebrios de tequila adolescencia.

VII

En ti se reúnen los extremos vacilantes del mundo,
en una proximidad alegórica poco concebida,
eres flecha submarina
que resguarda  la infancia perenne de tu gesticulación.
 Resistente a los fluorocarbonos
aun mas que a la subversión.
Desnaturalizado epicentro del caos y el racismo,
te estimo en la cordura, tío del anime y el underground.

VIII

Si no te complacieras con tañer la percusión, el clarín, o la corneta,
a un grado de perfeccionismo que no has de soportar todavía,
y si la obsesión no testificara de ti,
como en cualquier acto de presunción que has de exhibirme,
pensaría que tu irracionalidad poética y extraña,
es simetría a la cuadricula errante de mi tinta.  

IX

Que nunca se te escape el desvarió.
Antes de ser cuerdo, suicídate,
que jamás vi una mente  mas lúcida en el delirio que la tuya,
 jubiloso amigo, rival de la programación.

X

Solo tú has de consentir una hoja de mi música,
la espontaneidad estúpida,
y una diana de la misma libido.


XI

Solo te dedico estas líneas.
 No sea que te exaltes en ellas, y aun a mi,
 dirijas tu vanidad.

XII

También el silencio es rebeldía.
Desde ti, la precisión de la furia,
 también se torna futbol.

XIII

Por la cuesta cóncava de tus aficiones,
terminarás pronto en el Pentágono.
Me recuerdas tanto a mí hace una década…
Por amor a lo incierto, no te dirijas a la NASA.

XIV

Perfeccionar hasta el último sorbo de tequila,
los pasatiempos innecesarios.
Hurgar entre las bayas campestres de guinea
y petrificarse en tu mismo deseo de saber
¿Cuál es el vástago que anhelas? ¿Potestad? ¿Trascendencia?
 Luego, como una rosa henchida por el tiempo,
por ideologías y paradojas,
tendrás satisfacción al ver tu senectud encogida de hombros.
Estaremos tan alejados uno de otro,
que ni la misma literatura, siquiera manifestara una expresión.
Habrás aprendido que todo es vanidad.

XV

Nada me es malévolo en tus labios.
La brizna invisible de tus ojeras:
compasible terreno del más allá.
No somos iguales, ni fosforescentes enemigos,
 ni amantes opacos.
 Pero cuanto daría porque así fuera.
Por anestesiarnos el alma
con el soplo silente de nuestra sangre, dentro de cada uno.
Yo desde la compasión amarga del sudor en la bocanada
 mordiéndote cada blando gemido de tu piel. Y tú en mí.
 ¿Qué seria la noche si no la crema de chocolate en tu vientre?
¿Y desvirgarnos, uno en otro,
no sería la pausa llamarada que interroga tu cuerpo de caoba?
Cuanto daría, suave compañera,
pero no hablemos de ilusiones si no de vidas.
 Sabes que el atomizador del olvido no funciona conmigo.
Entonces la vida nos seria un recuerdo frugal de sexo,
aun mas que de amor, pero solo,
cuando ya no necesitemos mas de los elementos terrícolas,
 y habitemos en territorios inhumanos,
como haya en el pórtico de tu mirada:

 galáctico médium del cosmos.