jueves, 21 de enero de 2016

La muerte de Cortés


Artículo
Francisco Javier Gutiérrez Hernández

El día 2 de diciembre de 1547, murió en Sevilla, el hombre que amó a México y se inspiró en México, siendo buena prueba de ello otra de las cláusulas de su testamento: “… y primeramente mando que si muriese en estas tierras de España, mi cuerpo sea puesto y depositado en la iglesia de la parroquia a donde estuviese la casa donde yo falleciere, y que allí esté en depósito hasta que sea tiempo (que) a mi sucesor le parezca de llevar mis huesos a la Nueva España, lo que yo le encargo que así haga dentro de diez años y antes si fuera posible y que los lleven a la Villa de Coyoacán y allí les den tierra…”.

El cuerpo de Cortés fue llevado al panteón de los Duques de Medina Sidonia en Sevilla, donde se puso este epitafio compuesto por el Segundo Marqués del Valle:
Padre, cuya suerte impropiamente
aqueste bajo mundo poseía
valor que nuestra edad enriquecía
descansa ahora en paz eternamente.


En 1562 los huesos de Cortés fueron traídos a México y se les dio sepultura en San Francisco de Texcoco.


A Cortés se le juzga por la conquista de México, unos elogiándole como el hombre que había ganado territorios para su rey, otros vituperándole como un malhechor histórico que acabó con una civilización. Ninguno tiene razón. A Cortés hay que considerarlo como el fundador de una nueva nacionalidad, pues él mismo se sentía más mexicano que español, siendo el primer insurgente de México, ya que se puede considerar que la conquista dio lugar a la independencia.