sábado, 5 de septiembre de 2015

El Pinax o Tabla de Cebes

Carta al lector

Tiempo atrás tuve la oportunidad de leer El Pinax o Tabla de Cebes, un diálogo basado en la filosofía platónica que me gustó mucho, pues muestra claramente los obstáculos que el hombre debe sortear a lo largo de su camino, hasta alcanzar el máximo anhelo humano: la felicidad.

El diálogo está compuesto completamente de elementos simbólicos y es de tipo moralista; expone de manera directa las etapas de la vida humana. Comienza con el nacimiento, un estado de inocencia e ingenuidad y en el que un Genio muestra el buen y el mal camino. Inmediatamente llegado al mundo, el Ser humano se ve recibido por el Engaño, quien ofrece a los hombres el Error y la Ignorancia. Si el hombre no es capaz de rechazar esta propuesta, sucumbirá ante las tentaciones de la Fortuna, viviendo en el engaño de que la riqueza y la nobleza son verdaderos bienes. Aunque el hombre no se encuentra perdido aún, pues puede recomponer su camino si hace caso a la Penitencia, quien le guía por la Verdadera Ciencia, que le permitirá tener prosperidad hasta alcanzar la felicidad. Por otra parte, si no hace caso, será consumido por la Falsa Ciencia, quien lo llevará de un error a otro por toda su existencia.

Aunque la alegoría está muy bien detallada, he querido compartirlo con una imagen que ilustre cada etapa; de manera que me di a la tarea de buscarla, y hace poco conseguí un grabado (de autor desconocido) que ilustra perfectamente el contenido de la Tabla de Cebes. Lo pueden ver en la página 18.


Espero que el contenido de este número sea útil e instructivo. Nos vemos el siguiente mes.



La Tabla de Cebes


Casualmente nos paseábamos por el templo de Saturno, donde se veían numerosos y diversos dones. Había entre ellos, frente al templo una pintura en tabla que representaba una historia muy particular, que no podíamos ni sabíamos entender porque no parecía ni una ciudad  ni un ejército. Había una muralla, que encerraba dentro de sí otras dos, la una más extensa que la otra.  En el muro exterior había una puerta con mucha gente apiñada y dentro del cerco una multitud de mujeres.  Sobre su entrada estaba situado un anciano, cuya postura y actitud  indicaban mandar algo a los que entraban.
            Quedamos largo tiempo atónitos, dudoso sobre lo que la tabla representaba, cuando se acercó un hombre ya viejo y nos dijo:
            "No sin motivo, señores, que sois peregrinos en este mundo, dudáis del sentido de esta pintura, porque muchos entre los mismos naturales, no la entienden ni saben lo que es: no fue Don de esta ciudad. En tiempos pasados un extranjero, cuyas obras y palabras daban muestra de que era sapientísimo, y de que seguía las enseñanzas de Pitágoras o de  Parménides, vino aquí y consagró Saturno este templo y esta pintura".
            Tan luego como el viejo terminó, le pregunte si conocía a aquel hombre, y le había visto.”  Sí, me contestó, yo le tuve mucho aprecio, porque siendo yo joven disputaba conmigo sobre muchas y buenas cosas como acerca de esta pintura cuyo significado me reveló.”
¾ Por los dioses, si no  tienes grandes quehaceres, explícanos su alegoría.
¾ Amigos míos, lo haré gustoso, pero quiero que sepáis que hay en ello grave peligro.
¾  ¿Qué peligro?
¾ Si estáis atentos y comprendéis lo que os diré, seréis discretos y felices; de no, quedaréis desventurados, sin doctrina, y se os amargara la vida; porque, esta historia es semejante al enigma que proponía la esfinge a los viajantes: quien lo entendía, pasaba sin obstáculo; al que no lo llegaba a comprender le devoraba la esfinge: aquí acontece igual. La indiscreción es la esfinge que propone a los hombres problemas parecidos. Les muestra lo que es bueno en la vida, lo que es malo, y lo que es ni bueno ni malo. El que no lo entiende, muere a manos de la imprudencia; y no de una vez como el que fue comido por la esfinge, sino va sucumbiendo en todo el trance de su vida, como los que son condenados a perpetua cárcel. Mas sucede todo lo contrario al que lo entiende, porque entonces la imprudencia muere, el hombre queda en salvo, y llega a ser dichoso y afortunado por la vida. Estad por consiguiente atentos, y con la inteligencia pronta para que me entendáis.
¾ Oh, Dioses inmortales  ¡Cuán gran deseo de entenderlo todo nos ha inspirado, si es así como dices!
¾ Así es.
¾ Disponte a relatárnoslos, sabiendo que somos personas que escucharan atentas, con cuidado y solicitud, persuadidos del riesgo y gran quebranto a que nos exponemos.
¾ ¿Veis ese cerco? ¾Dijo tomando una vara en sus manos y señalando hacia su pintura.
¾ Si le vemos.
¾ Primeramente sabed que ese lugar se llama la  Vida, y que la multitud que se junta a la puerta ha de nacer y venir a este mundo. El anciano puesto arriba y que lleva un papel en la mano, y que con la otra parece querer enseñar algo se llama el Buen Genio: señala a los que vienen a la vida lo que les conviene hacer, y les muestra la senda por la que han de caminar, si quieren lograr prosperidad y salud en el decurso de la existencia.
¾ ¿Qué camino pues, les manda tomar, y de qué modo portarse?
¾ ¿No ves tú junto a la puerta aquella silla, precisamente en el sitio por donde  ha de pasar la multitud, y sentado en ella a un mancebo de muy buena presencia, de figura seductora, con un vaso en la mano?
¾ Sí que lo veo, pero, ¿quién es?
¾ Este se llama el Engaño, porque nomás dice mentiras para cautivar a todos los hombres.
¾ ¿Y pues qué diablos hace?
¾ Brinda con un brebaje a cuantos entran en la vida.
¾ ¿Qué brebaje es ése?
¾ El brebaje del Error y la Ignorancia.
¾ Y luego ¿qué pasa?
¾ Después de haber probado esa bebida, entran en la vida.
¾ ¿Y beben todos del error?
¾ Todos beben: unos, más; otros, menos.
¾ ¿No ves tú después de esto, de puertas adentro, una gran multitud de deshonestas  hetairas  tan varias de aspectos?
¾ Sí, se las ve.
¾ Pues se llaman así: Opiniones, Codicias, Deleites. Cuando la multitud entra, corren al encuentro, abrazan a cada uno, y se les llevan consigo.
¾ ¿Y  dónde se le llevan?
¾ Unas, a su salvación; otras, a su pérdida por el  Engaño.
¾ ¡Ah varón eminente, cuan peligrosísima bebida!
¾ Pues sábete  que todas prometen llevarle a mejor termino, y por el camino de una vida llena de bienaventuranza  y prosperidad. Mas como ellos bebieron el Error y la Ignorancia  en manos del Engaño, no atinan con la verdadera dirección de la vida. Andan desorientados, corriendo al acaso en pos de estas mujeres, como tú puedes ver, vagando los primeros de un lado a otro.
¾ Todo lo veo; pero ¿quién es la mujer aquella que parece media ciega y así como loca y que está de pie sobre  una bola de piedra?
¾ Llámanla  la Fortuna y es no solamente ciega y loca, sino que también sorda.
¾ ¿Y de qué se ocupa?
¾ Pasear por donde le cuadra, privando a unos de lo suyo para darlo a otros, para  a  su vez  quitárselo, pues tal es su inconstancia. Su postura y actitud evidencian su inclinación y costumbres.
¾ ¿Cómo es  esto?
¾ Lo evidencia al estar de pies sobre una bola de piedra.
¾ ¿Pues qué significa?
¾ Que sus dones no son firmes ni estables pues sobrevienen grandes decepciones si fiamos en ella.
¾ Y todo ese gentío que la rodea, ¿qué  pretende de ella, cómo se  llama?
¾ Todos son los Desconsiderados,  cada uno de los cuales quiere lo que ella tira.
¾ Pero, ¿por qué no conservan todos el mismo semblante, y por qué unos parecen regocijarse, mientras otros tienden tristemente las manos?
¾ Los alegres recibieron de la  Fortuna,  y le llaman  buena: los otros que parecen llorar y tender las manos, ven perdido lo que primero les dio, y la llaman mala.
¾ ¿Qué cosas son, entonces, aquéllas que da, y que  tanta alegría causa a los que las reciben?
¾ Cuanto el vulgo tiene por bueno: opulencia, gloria, linaje nobiliario, familia, poder, reinos y cosas por el estilo.
¾ ¿Pues qué es eso sino bienes?
¾ De ello trataremos más adelante; ahora tratamos de la alegoría.
¾ Sea enhorabuena.
¾ ¿No ves tú como pasado el primer recinto  viene otra muralla y más mujeres fuera, llenas de afeites, a uso de prostituta?
 ¾ Bien las veo.
¾ La primera, se llama Disolución, Prodigalidad, la otra; Avaricia, la tercera, Lisonja, la última.
¾ ¿Y qué es lo que hacen?
¾ Aguardar  a los que recibieron  la Fortuna.
¾ ¿Para qué?
¾ Para correr a abrazarles jovialmente, lisonjearles con su compañía y ofrecerles una vida voluptuosa, sin trabajos ni fatigas.  Al que seducen sus palabras, halla bueno tal pasar mientras el placer subsiste; otra cosa es cuando, volviendo en sí, comprende  que se le explotó afrentosamente. Después de pedidos todos los dones de la Fortuna, se ve obligado a convertirse en un servidor de esas mujeres; a soportar cosas duras e infamantes y hacer, en aras de su amor, cuanto hay de deshonroso:  robos, sacrilegios, perjurios, traiciones, tornarse bandolero  y otras cosas así. Cuando todo se acaba queda atormentado para su castigo.
¾ ¿Qué castigo?
¾¿No apercibes detrás de esas mujeres, un portillo angosto y oscuro?
¾ Allí le veo. Y también parece que hay más mujeres feas, sucias, cubiertas de andrajos.
¾ Es cierto. La que lleva las disciplinas en la mano, es llamada la Pena; y la que oculta su cabeza entre las rodillas, es la Tristeza; esa otra que se amasa los cabellos, es la Rabia.
¾ ¿Pero aquel feo, seco y desnudo que esta junto a ella y que tiene en pos de si otra hembra repugnante y escuálida? ¿Quién es?
¾ Llámanle el Duelo, compañero de su hermana la Aflicción. Entregándose en sus manos se pierde todo, y el hombre aquel vive atormentado por su compañía.  Después se desentienden de él, echándole a casa de la Malaventura, donde acaba su miserable existencia, caso de que la Penitencia no le tropiece.
¾ ¿Y de encontrarse con ella?
¾ Entonces le libra de estos dolores; sugiérele nuevos  afectos e inclinaciones, guíale nuevos afectos e inclinaciones, guíale a la Verdadera Ciencia pero también a la que llaman Falsa.
¾ Bien, ¿y después, qué?
¾ Si admite las insinuaciones que le conducirán a la Verdadera Ciencia, la Penitencia le Purifica salva y llena de prosperidad y bienaventuranza en el resto de sus días. De no hacerlo así, recomienza a pasar de yerro en yerro, por las seducciones en  la Falsa Ciencia.
¾ ¡Oh, dioses inmortales! ¡Qué peligros esconde el engaño! Dime tú, ¿cuál es la Falsa Ciencia?
¾ Mira aquel otro recinto.
¾ Sí, bien se ve.
¾ Fuera de la muralla ¿no ves junto a la puerta, una mujer, de pie, al parecer muy aseada  y compuesta?
¾ Sí.
¾ Llámanla Ciencia, la mayoría, la gente más tonta;  pero no es otra cosa que la Falsa Ciencia. Cuantos escaparon antes al peligro, acuden primero a ella, teniéndola por la Verdadera.
¾¿Y cómo es que no hay otro camino para llegar a ella?
¾ ¡Vaya si le hay!
¾ ¿Y esos hombres que dentro del recinto van y vienen, quiénes son?
¾ Los enamorados de la falsa ciencia, gozosos en su error de creer que tratan con la verdadera.
¾ ¿Cómo se llaman?
¾ Llámanle poetas; oradores, otros; estos dialécticos; esos artistas; esotros, aritméticos  y geómetras; aquellos, astrólogos; tales sensualistas; cuales, peripatéticos; quienes, críticos en fin. Otros muchos por el estilo, que todos se les asemejan.
¾ ¿Y esas mujeres que corretean acá y acullá, a quienes se tomaría por las de antes, entre las cuales se contaba la Disolución, y las otras que estaban con ellas, quienes serán?
¾ Ellas en persona.
¾ ¡Cómo! ¿También entran aquí?
¾ Sí, aunque más raras veces, y no como en el recinto de fuera.
¾ ¡Inmortal  Júpiter! ¿Y hasta aquí penetra la opinión?
¾ Ciertamente. Les dura la embriaguez producida por el brebaje que bebieron en manos del Engaño: también entra la Ignorancia y la Necedad, sin apartarse de esos hombres  la Opinión, ni las demás Falsedades hasta haberse librado de la Falsa Ciencia; entonces, entrando por el verdadero camino, se vigorizarán por medio de esa fuerza que todo lo consume y purifica, hasta que queden limpios de toda maldad, como la Opinión y la Ignorancia con las demás calamidades: tal será su salvación.  Pero mientras continúen tranquilamente con la Falsa Ciencia, jamás serán libres, y se verán perseguidos por el mal resultado de sus falsas ideas.
¾ Dinos pues el camino que conduce a la Ciencia Verdad.
¾ ¿No ves tú hacia lo alto aquel puerto donde no se ve nadie, que casi semeja un desierto?
¾ Ya lo veo.
¾ ¿No ves una puertecita, frente a un sendero poco frecuentado, por el cual transitan contadísimas personas, como en toda senda escabrosa y empinada, que al parecer es muy peligrosa?
¾ Sí, sí.
¾ ¿Y no percibes un monte, de estrecha subida, que a uno y a otro lado bordean profundos precipicios?
¾ Sí se ve.
¾ Este camino lleva a la Verdadera Ciencia.
¾ En verdad que es, según parece, agrio y difícil.
¾ ¿Notas, también, hacia lo alto del cerro, una peña grande y erguida, por inaccesible?
¾ Véola.
¾ Pues mira encima unas matronas, arrogantes y esbeltas, que tienden  sus brazos con gran desenvoltura.
¾ Verlas, las veo; pero ¿cómo se llaman?
¾ Son dos hermanas. La Conciencia la una; la Perseverancia, la otra.
¾ ¿Para qué alargan tan resueltamente las manos?
¾ Exhortan a los recién llegados, dándoles ánimo para que no desmayen, pues, con un poco más de sufrimiento, llegaran a buen término.
¾ Pero y, llegados arriba, ¿cómo subirán a la peña abrupta? No veo camino por donde poder remontarla.
¾ Entonces bajarán ellas mismas y les subirán arriba.  Después les infundirán alientos, y a poco les comunicarán fuerza y vigor, prometiéndoles llevarles ante la Verdadera Ciencia, y haciéndoles ver cuán llano y bellísimo es el camino, como fácil de seguir, exento de males: mírale allí.
¾ Es cierto, por allá aparece.
¾ ¿Observas tú, ante aquella floresta, un lugar de aspecto encantador, cual risueña  pradera, brillante de claridad?
¾ Así es.
¾ ¿Y no descubres en medio otro cercado con su puerta?
¾ Bien dices, más, ¿cómo es llamado?
¾ Es la mansión de los Bienaventurados, donde moran todas las Virtudes y su compañera de Felicidad.
¾ Sin duda por eso, es el lugar tan hermoso.
¾ Repara junto a la puerta una hermosa mujer, de regular  edad, cuyo continente evidencia juicio, vestida con sencillez, baja la vista, y sentada firmemente no sobre una bola sino una piedra cuadrada, junto a otras que semejan sus hijas.
¾ Creo que es como dices.
¾ La del medio es la Ciencia Verdadera; las otras dos la Persuasión y la Verdad.
¾ ¿Por qué se sienta la Ciencia Verdadera sobre una Piedra Cúbica?
¾ Ésta emblematiza que el camino que a ella conduce es seguro para cuantos la recorren; y que las mercedes que les otorga,  son infalibles para quien les recibe.
¾ ¿Qué dones son esos?
¾ Seguridad   y  Ánimo.
¾ ¿En qué consisten?
¾ En una sabiduría que ningún mal ha de causarles en la vida.
¾ ¡Oh, eternos dios!, ¡cuán  copiosas dádivas!
¾ Pero dime, ¿a qué está fuera del muro?
¾ Para fortificar a los que llegan, dándoles un licor purificante, y luego llevarles bajo la protección de las  Virtudes.
¾ ¿Cómo? no te  entiendo.
¾ Lo entenderás. Cuando uno está muy enfermo, y quisiera ser curado por un médico, primero habría de quitársele con medicinas la causa efectiva del mal para después restablecer sus fuerzas y hacerle recuperar la salud. Pero si el enfermo es indómito  para las disposiciones de facultativo, este le abandonaría justamente y él sucumbiría a la enfermedad.
¾ Esto está bien, pero…
¾ Acontece igual con la Ciencia: si vamos a que nos cure, nos dará algo que nos purgue y comunique su vigor; así nos libraremos de cuantos males nos aquejaban.
¾ ¿Qué males?
¾ La Ignorancia y el Error, que dieron a beber el Engaño, la Presunción, la Codicia, la Disolución, la Cólera y la Avaricia, con todos los demás vicios que adquirió en el primer recinto.
¾ ¿Y una vez bien limpio dónde le lleva?
¾ Allá donde está la Sabiduría con las demás Virtudes.
¾ ¿Cuáles?
¾ ¿Ves de puertas adentro un coro femenil?  ¡Míralas qué hermosas, qué bien arregladas, qué traje tan sencillo y honesto!
¾ Mira la simplicidad de su tocado, a diferencia de las otras mujeres.
¾ Ya las veo, ¿pero quiénes son?
¾ Las demás hermanas de la Sabiduría: la Fortaleza, la Templanza, la Justicia, la Bondad, la Modestia, la Generosidad y la Mansedumbre
¾ ¡Ah preciosísimas joyas! ¡Qué horizontes de esperanzas vienen a revelarnos!
¾ Pues si es así  ¿cómo no os entregáis a su culto y las desatendéis?
¾ Estaremos atentísimos.
¾ Entonces seréis salvos.
¾ Mas una vez que lo recibieron, ¿dónde le llevan?
¾ A su madre.
¾ ¿Quién es?
¾ La Felicidad.
¾ Explícate más claro.
¾ ¿Distingues aquel camino que se dirige hacia la eminencia, cuyo alcázar se destaca sobre todos los recintos anteriores?
¾ En verdad  que le veo.
¾ ¿No hay a la entrada una mujer de espléndida presencia, majestuosa en su encumbrado sitial, tan apuesto como sencilla en su adorno, y ceñida su frente por una corona de primorosas flores?
¾ Creo que sí.
¾ Pues es la Felicidad.
¾ ¿Y al llegar ante ella, qué hace?
¾ Le corona y transmite todo su poder y las demás cualidades, como vencedor de terribles lides.
¾ ¿Y en que lides venció?
¾ En las mayores del mundo: venció a los monstruos más fieros que le consumían y esclavizaban. Vencidos todos, vuelve él a ser libre, y ellos quedaron siervos suyos; al revés de antes.
¾ ¿A qué monstruos te refieres? Quisiera conocerles.
¾ Los primeros la Ignorancia y el Error: ¿no te parecen monstruos?
¾ Sí, y funestísimos.
¾ También a la Pena, a la Aflicción, a la Codicia, a la Riqueza, a la corrupción: a todos los otros vicios, antes, sus amos; hoy, sus súbditos.
¾ ¡Heroica acción! ¡Victoria  gloriosísima! Pero quiero saber la influencia que le da la corona que le ciñeron.
¾ El de hacerlo mozo afortunado porque quien tiene la fuerza que esta corona comunica, siéntese dichoso, y todas sus esperanzas de felicidad no nacen más que de sí.
¾ Ilustre triunfo. Pero una vez ya coronado, ¿qué hace? ¿Dónde va?
¾ Condúcenle las Virtudes por la mano, y le llevan al mismo paraje de donde vino, mostrándole allí los males y miserias de los mortales, los náufragos de la borrasca de la vida, su pérdida y cautiverio entre los enemigos a que se rindieron. Cautiva a unos la Corrupción, a otros la Vanidad, a otros la Codicia, a otros la Vanagloria, y a otros, multitud de males diferentes a cuyas angustias no pueden  escapar para buscar luego aquí su salvación; pasan inquieta la vida, sufriendo sin atinar con el camino que conduce aquí, porque se olvidaron de lo que él les mando.
¾ Pienso que dices bien: pero una duda me asalta. ¿Quieres decirme por qué las Virtudes le muestran aquel sitio de donde viene?
¾ Porqué, ignorante de lo que pasa en aquel puerto, por ser incomprensible para él, cayó en completa confusión, tanto por la Ignorancia cuanto por el Error, bebidos en aquel vaso del Engaño: así juzgaba  bueno, lo malo; malo, lo mejor. Eso le hacía vivir viciosa  y disolutamente, como a los que residen allí. Mas penetrado ahora de la realidad de las cosas cuyo conocimiento es indispensable  a la vida, vive perfectamente y conoce la misma posición de los otros.
¾ Pues bien, ya enterado de todo, ¿qué le resta hacer, y a dónde irá?
¾ Donde guste: do quiera que vaya siempre estará dichoso, como los moradores del bosque Coryceo del Parnaso; y a donde llegue le recibirán contentos, cual enfermos al médico.
¾ ¿Habrá, pues, dejado de temer a las mujeres aquellas que me comparabas con las bestias bravas?
¾ No le atormentarán ni la Pena, ni la Tristeza, ni la Corrupción, ni la Avaricia, ni la Miseria, ni ninguna otra  desgracia, pues las denomina a todas desde el encumbrado puesto en que se colocó, por cima de cuanto antes le mortificara, cual el mordido por la víbora; así los demás animales venenosos, que acarrean la muerte a los otros, a estos no les ofenden, pues llevan en sí la virtud preservativa.
¾ Hablas perfectamente; pero dime, ahora ¿los que al parecer descienden por aquella cuesta, entre los cuales unos están coronados y manifiestan alegría, y otros que no lo están, descalabrados y con las piernas rotas, a quienes algunas mujeres conducen asidos de la mano, quiénes son?
¾ Los coronados, lo fueron por la Ciencia, al libertarles; lisonjeándose de ser sus amigos. Los tristes y maltrechos que no llevan coronas, y otros que se han desmayado, van nuevamente ante la Perseverancia, vagando de derecha a izquierda, ignorantes del camino.
¾ ¿Quiénes son las hembras que les acompañan?
¾ Las Aflicciones, las Angustias, las Pasiones del corazón, la Infancia y la Ignorancia.
¾ ¿Les acompañan, sin duda todos los males?
¾ Realmente todos. Al llegar al recinto primero donde residen la Cortesanía y la Disolución, no se culpan a sí mismos sino que blasfeman de la Ciencia y sus amantes, llamándolos mezquinos, desventurados y dignos de lástima; pues que, libertados de su vida anterior, creen que viven desgraciados privados del disfrute de cuanto poseían.
¾ ¿Y a qué llaman bienes?
¾ Al ultraje y la incontinencia, para decirlo en pocas palabras, pues sabrás que los placeres de la gula, hasta el empacho, las estiman supremo goce y una gran cosa.
¾ Aquellas otras mujeres que se acercan alegres y placenteras, ¿cómo se llaman?
¾ Son las Opiniones: éstas, después de conducir a la Ciencia a los que buscan virtudes, tornan por otros dando a entender que son dichosos aquellos a quienes condujeron ya.
¾ Escucha, ¿entran donde están las Virtudes?
¾ No, pues no pueden penetrar donde está la Ciencia. Entregan en manos de ésta a los que llevan, y apenas esta se hizo cargo de ellos, las Opiniones se tornan a conducir otros; al modo de los navíos que después de haber descargado el flete, navegan nuevamente para traer otro.
¾ Muy bien me parece cuanto nos enseñaste. Lo que no nos has explicado es lo que manda el Buen Genio a los que entran en la vida.
¾ Que tomen alimentos y no se arredren: y en cuanto a vosotros cobrad ánimo, confiados en que voy a desvelaros cuanto existe, sin ocultaros nada.
¾ Perfectamente.
Entonces el anciano extendió de nuevo el brazo diciéndonos:
¾ ¿Ves aquella mujer, al parecer ciega, sentada sobre una piedra esférica y que la llaman la Fortuna, como antes dije?
¾ Sí que la vemos.
¾ Pues sabe que no quiere el Genio que se confíe en la fortuna: ninguno de su dones es constante y firme, sino variable en exceso; cuanto de ella se puede recibir, carece de firmeza; quien algo reciba de ella, no lo tenga por propio, pues es muy fácil se lo quite para darlo a otro, como a menudo pasa. Así les ordena el Genio no estén ufanos con sus dádivas, ni se alegran al recibirlas, ni se entristezcan al perderlas; que ni la alaben ni la vituperen, pues nada hace con razón y obra siempre por temeridad y al azar, como te dije. Por eso manda el Buen Genio que no se extrañen de sus acciones ni se asemejen a los males depositarios, que se alegran recibiendo dinero de manos de los demás, y se enfadan cuando se lo piden, creyendo que se les injuria, olvidando que recibieron el depósito a condición que estuviese dentro de la voluntad del que depositaba el tornarlo a recoger. Igualmente manda el Genio a cada cual que se procure los favores de la Fortuna, pero sin olvidar su naturaleza por la que puede quitar lo que dio y tornarlo, acaso, después con creces. Mandarles también que reciban cuanto dé la Fortuna, y una vez que lo tengan  se retiren de ella a lugar seguro y apartado.
¾ ¿Qué lugar es ese?
¾ El que la Ciencia les dará si quieren conservarlo. La Verdadera Ciencia de las cosas provechosas, don seguro y firme, exento de trastornos. Quiere que a seguida se acojan a ella; mas llegados a donde están esas mujeres que se llaman la Disolución y la Cortesanía, huyen de ellas, sin creer cuanto les digan hasta llegar a la Falsa Ciencia: les manda que se detengan con ella corto tiempo, que tomen lo que necesiten para restablecerse de las fatigas de la marcha, y pasen rápidamente a la Verdadera Ciencia. Esto ordena el Genio: quien se exceda en ello, o sea indócil a su cumplimiento, sucumbirá como réprobo, de miserable modo.
Tal significado tiene, amigos míos, la alegoría pintada en esa tabla. Si algo más os ocurre preguntarme, hacedlo, que os explicaré.
¾ Está perfectamente; mas en puridad, ¿qué manda el buen Genio?
¾ Lo más útil a todos.
¾ ¿Qué es?
¾ Las letras; y de todas las ciencias, las que según Platón son el freno de las pasiones juveniles, para que no se extravíen de modo alguno.
¾ ¿Y es necesario hacerlo, así, para poder llegar a la Verdadera Ciencia?
¾ No, pero si conveniente; pues no es indispensable para poseer la virtud.
¾ ¿No es entonces tan importante para que los hombres sean buenos?
¾ Cierto que no: sin ello, pueden ser probos y honestos. Pero es conveniente aquí no parecerse a los que  entienden otros lenguajes por medio de intérpretes, pues no les causará detrimento entenderlas ellos directamente, por conocer aquellas lenguas.
¾ Sin la Ciencia, según se ve, un hombre puede tener virtud: quienes son sabios por su ciencia, ¿no tendrán ventaja de que les haga más hombres de bien que los demás?
¾ ¿Qué superioridad ha de darles esto, si vemos que también los sabios yerran respecto a lo bueno y a lo malo? En cuanto a los vicios o maldades son como los demás, pues vemos que a veces están llenos de vicios y ser también disolutos, borrachos avarientos, injustos, traidores e imprudentes; vosotros sabéis cuantos se encuentran así.
¾ ¿Como podrían esos hombres llegar a adquirir ventaja para ser virtuosos por la fuerza misma de su Ciencia?
¾ Al parecer, de modo alguno.
¾ Pues entonces, ¿cómo están en el segundo recinto, como si tratasen realmente con la Verdadera Ciencia?
¾ ¿Y todo ello, de qué les sirve? ¿No se ve a veces a algunos que vienen del primer recinto donde moran la Disolución y los otros gérmenes de perversión?  Se les ve que llegan hasta el tercer recinto en pesquisa de la Verdadera Ciencia, sin rozarse con los sabios. Siendo así, cuando más se acercan a la Ciencia, más dificultades para aprender.
¾ ¿Cómo puede suceder eso?
¾ Los del segundo recinto, creen saber cuanto realmente ignoran en tanto que viven en esta ilusión, se sienten firmes, y no se desviven por  llegar a la Verdadera Ciencia. Por otra parte,  ¿no ves ir al segundo  recinto las Opiniones que salen del de fuera? Estos no son, por consiguiente, más perfectos que los otros, y si la Penitencia y el Arrepentimiento no les asisten, persuadiéndoles de que la que poseen no es la Verdadera  sino la Falsa Ciencia, no saldrán de su engaño, ni se salvarán: igual os acontecerá a vosotros, si no hacéis lo que os digo. Es necesario recordar esto muchas veces, sin descuidarlo, teniendo por accesorio  todo lo demás. Si os resistierais, tened por ocioso cuanto oísteis.
¾ Cumplirémoslo así; pero, dinos ¿en qué consiste que no es un bien cuanto los hombres  reciben de la Fortuna, como el crédito, los hijos la gloria y otras cosas por el estilo? ¿Y cómo no son desgracias las cosas contrarias? Esto contradice el común pensar, y se hace increíble.
¾ Vamos, disponte a contestar sobre lo que te preguntaré.
¾ Estoy dispuesto.
¾ Primero dime: si uno vive malamente, ¿le es un bien la vida?
¾ Creo que no: creóla un mal.
¾ ¿Pues cómo será un bien la vida a éste a quien no le aprovecha?
¾ Imposible que la vida sea buena, para quienes viven mal: lo es por el contrario para los otros.
¾ Entonces ¿la vida es a un tiempo, según tu confesión, buena y mala?
¾ Tal entiendo.
¾ No ensartes tales disparates, pues una cosa no es a un tiempo buena y mala, pues entonces fuera, a un tiempo, buena y perjudicial, o mejor, digna de seguirse y alejarse de ella: esto es contrario a toda lógica.
¾ Si vemos vivir a alguien mal, creemos que hay en él algo que le perjudica, y eso prueba que la vida misma es cosa dañosa: no obstante es diferente vivir y tener mala vida, ¿no estás conforme?
¾ Francamente, no soy de esta opinión, pues el vivir no es una cosa mala, ya  que entonces lo seria también para los que viven bien, pues viviendo, no dejan ellos de tener lo que por sí constituye un mal.
¾ Eso es cierto.
¾ Pero si el vivir es hecho común a todos, a los que viven mal, resulta que la vida  no es por si misma ni buena ni mala;  y siendo positivo que a los pacientes no les daña el cicatrizar o abrir un herida, ¿no podremos establecer que lo propio acontece con la vida? Examinada la cosa por este lado, dime, ¿qué preferirías, vivir mal o morir bien, como hombre de  ánimo?
¾ Morir bien.
¾ Tampoco, pues si bien el morir  es malo, a veces e preferible la muerte a la vida.
¾ Es bien cierto.
¾ ¿Y por qué no ha de valer el mismo hecho para el estado de salud como para el de enfermedad? Muchas veces conviene no tener aquélla, y es bueno en ocasiones tener esta.
¾ Lo cual es una evidencia.
¾ Han de considerarse así también las riquezas porque es cierto que vemos a algunos que viven muy mal y míseros, aunque ricos.
¾ Es indudable: a muchos les pasa.
¾ Luego a éstos las riquezas no les sirven para vivir bien.
¾ Al parecer no les sirven, y es debido a sus vicios.
¾ Entonces, el ser el hombre honrado no lo hacen las riquezas, sino la Verdadera  Ciencia.
¾ Es evidente.
¾ Pues con arreglo a razón, puede afirmarse que las riquezas no son buenas en sí mismas, porque no sirven de nada a los que las disfrutan para ser hombres de virtud y mérito.
¾ Se me figura claro.
¾ Diremos, pues, que para muchos, de nada sirve la riqueza, si no saben aprovecharla.
¾ Eso me parece.
¾ ¿Quién será capaz de juzgar bueno, lo que muchas veces es inútil?
¾ Ninguno.
¾ Quien sepa usar justa y discretamente sus bienes, vivirá feliz; quien no, mal.
¾ Es la verdad más grande.
¾ En fin, apreciar  por buenas, o despreciar  por  malas tales cosas, ofusca la mente de las criaturas, y les destruye si llegan a creer que en ellas  se encierra la felicidad. Movidos por este deseo, pretenden alcanzarlo todo, porque están  penetrados de cometer una gran iniquidad. Esto lo motiva su ignorancia del verdadero bien, y desconocen que el verdadero bien no puede nacer del mal. De aquí que veamos a muchos adquiriendo riquezas por medio de actos torpes o malvados, como traicioneros, hurtos, asesinatos, calumnias, violencias y otras acciones repulsivas.
¾ Es verdad.
¾ Luego si es justo y esta en conformidad con la razón que del crimen no se origina bien alguno, y que las riquezas pueden ser el premio de hechos infames, está fuera de duda  que puedan ser un bien verdadero.
¾ Todo eso se deriva de lo dicho.
¾ Por el contrario, la Prudencia y la Justicia no se adquieren con maldades, como con actos buenos no se llega  a la imprudencia y la injusticia; pues estas cosas no caben juntas en una misma persona. Lo que sí cabe encontrar reunidas son las riquezas, la fama, el triunfo y otras cosas análogas, en compañía de muchos vicios,  por lo que es de creer que no son bienes ni males, y que la Prudencia sola es un verdadero bien, y la Necedad un mal.

¾ Todo lo que dices paréceme muy justo.

Publicado en marzo de 2012