martes, 13 de enero de 2015

De Noviembre - Poesía


Por: Eduardo Torres Isleño

Sabrás que hay poesía,
que hay pájaros desconocidos y mudos por todo el cielo cancerígeno,
que hay poesía en audífonos secretos y potentes,
donde no se avecina el autobús por suelos interminables
y la central abarrotada de lluvia diminuta,
la angustia que sobra después de la gente parlante, después de la jornada,
entre la alta música del caos,
en la desastrosa charla debajo de los agujereados árboles
los brotes azules de limpio dolor en las palabras simples,
ver a Miriam ocultándome su llanto, en retirada, huyendo,
masticándose la tristeza que le he mostrado.

Y hay poesía, en la apagada linterna de las estrellas,
en las variaciones grises del cambio de clima,
el huracán, el opaco sereno de la mañana,
y los alegres aleteos de las ramas abiertas.
Los engranes oxidados de la voz, el poema del vacio somnoliento
los minuteros desprendidos en las canciones de Coldplay,
hay poesía, en el duelo contra la muerte en una migaja de labios,
paisajes efímeros de aceleradas autopistas,
la interacción cotidiana con los animales domésticos
(¿Qué podría enlistar aún?
Carmen Jones:
un fregadero, una espalda de mujer, una soledad llorosa de gatos amarillos,
sonidos de vasos titilando, y velos anaranjados de luces retiradas.)

Tanta poesía y nadie quien la reciba:
un vals, una fuente, la caligrafía adecuada,
la coloración de las pestañas en los párpados entrecerrados,
el grave desplazamiento de la felicidad, el indiferente anzuelo de la guitarra, Elena Olivares, la sombra, los caminos, los faros infinitos de infinitas avenidas, el teatro la nube, la escuela dentro de las buenas nuevas, y la escuela fuera de los trámites absurdos, el tacto, la pintura, los suburbios cansados de vecinos impertinentes, los tangos eternos, Susana y su boca de fruta, la cima, la maleza,
bejuco tierra cumbre, gavilán enhiesto,
la arquitectura del espacio, el sistema luminoso de la noche,
los cambios las paredes, los limites, el deseo la batalla,
la persistencia la incursión, el espontáneo despertar ilusorio,
el imprevisto aglomerado de poesía triste fugaz, y borrosa

y los árboles. . .

                      no olvidéis los árboles. . .