martes, 13 de enero de 2015

Cortés en la Noche Triste

Artículo
Francisco Javier Gutiérrez Hernández

Cortés, no obstante el recibimiento obtenido, no dejó ni un instante de prevenirse contra posibles ataques; dentro del alojamiento repartió las tropas y la artillería. Aunque los españoles podían pasear libremente por las calles y los mercados de la ciudad.
Cortés estaba obsesionado por la implantación de la fe católica en el país conquistado y pretende, por todos los medios, convencer a Moctezuma de que abjure de sus creencias y adopte la de los conquistadores. En una ocasión sube al Templo Mayor y arroja por las escaleras los ídolos aztecas. Poco a poco se va creando un ambiente de oposición entre el pueblo; los españoles no son tan bien vistos y un casique ataca a la guarnición de la Villa Rica de la Vera Cruz, matando al comandante de los españoles, Juan de Escalante. Era lo que el español necesitaba de pretexto, e hizo prisionero al mexicano. Pidió que se le entregara al casique sublevado y lo quemó en la plaza pública como escarmiento. Al mismo tiempo recibía noticias de la llegada a Veracruz de una fuerza compuesta por 18 navíos que portaban 1400 españoles, 1000 indios cubanos y 80 caballos, bajo las órdenes de Pánfilo Narváez; cuyas instrucciones eran las de prender a Cortés. Este con fuerza de 80 hombres, más algunos propios de Narváez, que se le sumaron en el camino, sorprendió a la tropa española e hizo prisionero a Narváez.
Cortés convence a Narváez de la injusticia que se le hace y regresa a México, donde había dejado a Pedro de Alvarado con la mayor parte de la fuerza que tenía. Alvarado, hombre esforzado pero poco político, enterado de que algunos jefes aztecas pretendían atacar, les sorprendió una noche y mató a la mayoría de ellos.
A su regreso a la capital, Cortés encontró una situación muy poco satisfactoria, la población revuelta, Moctezuma muerto por sus propios súbditos cuando pretendía calmarlos y un nuevo emperador, bajo cuyo mando la situación había cambiado radicalmente para los españoles. La entrada de Cortés fue pacífica y no hubo refriegas, pero a partir del momento en que se encerraron los españoles en el palacio donde moraban, éste quedó totalmente sitiado y atacado por todos lados. La entrada de Cortés y sus tropas a palacio fue el 25 de junio de 1520, la salida para escapar del cerco fue el 30 del mismo mes. De noche y luego de haberse repartido el tesoro encontrado en el palacio, iniciaron la retirada.
Después que Cortés repartió sus fuerzas a tres secciones. La primera al mando de Gonzalo de Sandoval, el centro dirigido por el propio Cortés y la retaguardia al mando de Pedro de Alvarado. Esta última fue ferozmente atacada y destruida; el paso por las calzadas y los puentes significó prácticamente la destrucción del ejército español. Al avisar a Cortés de la derrota de Alvarado, quien logró salvarse en compañía de cuatro hombres, de los doscientos que componían su destacamento, al capitán “se le saltaron las lágrimas de los ojos”, quedando la leyenda del “llanto de Cortés en la Noche Triste”.
Cortés emprendió la retirada hacia Tlaxcala, con el temor de que los aliados de poco antes fueran los enemigos actuales, debido a la derrota sufrida. El enemigo no dejaba de hostigarle, hasta que desesperado ante la situación y a pesar de tener la tropa extenuada, hambrienta y desesperada, dio la batalla de Otumba el 7 de julio de 1520, triunfando sobre un enorme ejército azteca. Allí se decidió el destino de México.

Continúa…