jueves, 21 de agosto de 2014

La dentadura estéril del reloj - Poesía

Por Bernardo Cortés Vicencio





Viene de las paredes
atrapada en la oquedad de sus labios friolentos
sobre el epicentro del minuto
con la sepultura del aire
nebulizando la polea que esmerila
el rehilete en las catacumbas del sonido.

Y explota el motor sensible de la víscera
el tímpano de la fuerza abstracta agazapada en los mecanismos
desfilando el acoso sobre el mentón de la energía.

Golpea. . . y golpea al péndulo gris
donde amortigua el eco agudo de la silueta
tu silueta en luna despedazándose en una chispa pródiga de los vigilantes
 caen en la persiana desgastada
la tinta débil de mis párpados.

Una ceja rota ondula la esquirla ambiental  en la hora
como un reflejo que escupió el fantasma virtual
prensado en el mango ilusorio.

La sensibilidad virgen del tórax
yunque en la barca del oído
frunce entre las faldas del paisaje
resbalando en las quijadas nocturnas.

Y estoy aquí en mi cenit liviano
empedrado en la gasa de su aullido intermitente
con un guiño lento
                          unísono
                                 preconcebido en la transición 
atrapado en su vientre frágil de la danza.

Un susurro lisiando la anatomía del ballet.

El patético ritmo zodiacal
 donde desvanece la  dentadura estéril
     apolillada arena bipolar
            acrílica de mi limbo.


Cuando bailas en los doce signos del reloj.