sábado, 3 de mayo de 2014

Los inicios de Hernán Cortés en la Nueva España


ArtículoFrancisco Javier Gutiérrez Hernández

Los padres de Cortés después de nuevas deliberaciones familiares, reproches y desencanto, llegaron a una situación que no parecía tener arreglo. Se decidió que fuera soldado y se incorporara al ejército de Nápoles, pero una repulsión íntima le hizo desistir de la idea y sin embarcarse, durante diez meses anduvo “a la flor del berro”. Martín Cortés perdió toda esperanza de regeneración de su hijo; nuevas deliberaciones, aporte de dinero que escaseaba y por fin Cortés se encamina a Sevilla bajando por el Guadalquivir hasta San Lucas de Barrameda, donde se embarca en uno de los cinco barcos que estaban por hacerse a la mar. La comandaba Alonso Quintero, hombre truhán a quien se le atribuye que la nao se retrasase y llegara más tarde que las otras cuatro a la bahía de Santo Domingo. Inmediatamente desembarcado, Cortés se dirigió a la casa del Gobernador Ovando, quien se encontraba fuera de la ciudad; su secretario Medina explicó a Cortés los requisitos que existían para la obtención de minas, afán de Cortés quien se veía rico y poderoso en pocos días. Medina le indicó que primero había que avecindarse, pedir solar y labrar casa; inmediatamente después era necesario establecer una granjería; el oro vendría mucho más tarde, como dicha y trabajo. No era precisamente lo que Hernán esperaba, pero al entrevistarse con Ovando, poco después vio marcado el camino de la fortuna. Antes de cargar oro convenía ponerse en condiciones de hallarlo. El colono comenzaría por ceñir la espada, salir a una conquista y luego de consumarla, hacerse fundador. Desde ese momento Cortés comprende el futuro que le esperaba y se entrega de lleno a creerlo.


Su iniciación fue una pequeña operación militar contra Anacaona, flor de oro Haitiana, que se había revelado. La expedición militar la dirigió un obeso flemático llamado Diego Velázquez de Cuellar. Cortés recibe una encomienda por haber tomado parte en la represión y aquí es donde le sirven los mal aprovechados años de estudiante salmantino, pues se le concede la escribanía del Ayuntamiento de Azua, que lo hace personaje de importancia.

El colono ascendía, pero no se enriquecía con rapidez; las ilusiones que le había hecho salir de Medellín se troncaron en el tedio de una vida mediocre; la rebeldía de Hernando se pagaba. Con explicable inquietud dirigió la vista hacia tierra firme, sin embargo, para estos días Ovando había dejado la isla, luego de haberla pacificado y mantenido en paz y sosiego. Su ausencia produjo el efecto de una catástrofe, la mente serena del comendador podría arbitrar los medios para evitar el peligro de la despoblación amenazante y solo la rudeza de su mano hubiera tenido la fuerza para contener a los inquietos que, malbaratando sus bienes en España, se dirigían a la otra Castilla, a la que llamaron del Oro, por las noticias que llegaban a la Península de que el divino metal se recogía a paletadas. La isla española se conmovió profundamente con la avalancha de emigrantes; hombre como Alonso de Ojeda, Diego Nicuesa y Juan de la Cosa, compañero de Colón y primer cartógrafo del Nuevo Mundo, recibieron concesiones en cuanto a realizar una expedición para la búsqueda de nuevas tierras y ganancias sin límite. Cortés quiso formar parte de la expedición, pero un absceso que padeció, le impidió alistarse en ella. Nuevamente el destino lo conserva para el futuro que le esperaba…


Continúa…