lunes, 19 de mayo de 2014

La mujer y el hombre

Artículo de OpiniónAlma Rosa González Herrera


Dios en su infinita sabiduría, dio al hombre una gran fuerza física para proteger a su familia, y a la mujer le dio la intuición para presentir rápidamente acontecimientos que pueden poner en peligro a sus seres queridos; así, complementándose, el hombre y la mujer forman la pareja perfecta para la conservación de la raza humana. El hombre y la mujer son un complemento, hasta la forma de los órganos reproductores así lo indica.

El hombre y la mujer fueron creados para suplementarse, no para ser antagonistas. Cuando la mujer y el hombre entiendan que deben expresar lo que piensan y sienten, entonces serán libres, sin importarles lo que digan: la prensa, las mujeres, los hombres, o que nuestros propios hijos se sientan avergonzados de nosotros por ser auténticos.

El hombre posee una sensibilidad exquisita que ha ocultado, que yace enterrada en lo más íntimo de su ser, y va por la vida con la máscara del hombre fuerte, “aguántate, ¿qué no eres hombre?”, “los hombres no lloran”, palabras que lo marcaron para siempre.

Cuando he visto llorar a un hombre, se mueven las fibras más sensibles de mi alma, porque sé lo que le está costando dejar fluir las lágrimas, su llanto; el primero que brota, es un estertor desgarrador, y todo su ser es sacudido por el dolor.

Cuando el hombre deja fluir su sensibilidad, fluye como un arte y así tenemos: poetas, pintores, músicos, etc., cuyas obras son de una belleza extraordinaria, prueba irrefutable de que posee sensibilidad como la mujer.

Las relaciones laborales, sociales, y familiares que cada día se estrechan más entre los hombres y las mujeres, permitirán que poco a poco el hombre pueda entender que la mujer no pretende competir con él, lo que la mujer busca es realizarse como ser humano dentro de la sociedad, apoyándose y apoyando al hombre que es su complemento, lograr esto le costará la vida a algunas mujeres que en las comunidades y en las ciudades luchan por conseguirlo.

Cuando Adán y Eva se comuniquen abiertamente y compartan todo, serán un solo cuerpo, con un corazón que latirá al ritmo del amor.