jueves, 22 de mayo de 2014

Hernán Cortés llega a México


Artículo
Por Francisco Javier Gutiérrez Hernández

La armada compuesta de seis navíos y trescientos hombres se hizo a la mar el 18 de noviembre de 1518. De Santiago se dirigió a Trinidad y luego a La Habana, aumentando sus provisiones de hombres y bastimentos; y por fin, el 10 de febrero de 1519 puso rumbo a Cozumel, llegando a las playas de México el 4 de marzo de 1519. Primero fue a Tabasco, en donde después de una batalla en la que hicieron estragos entre los indígenas, la artillería y los caballos, llegó a San Juan de Ulúa. Ancló las naves, pero al oír el consejo de los pilotos de que aquel lugar no ofrecía protección, se dirigió al norte de San Juan, encontrando un buen fondeadero donde ancló las naves y fundó la Villa Rica de la Vera Cruz, no obstante no tener derecho a ello, de acuerdo con su contrato con Velázquez. Cortés maniobró tan extraordinariamente desde el punto diplomático-político a sus hombres, que le nombraron Justicia Mayor y Capitán General. Este acto de habilidad desligó a Cortés de su socio Velázquez, que no tenía jurisdicción sobre fundaciones, y los soldados le entregaron el mando al Capitán General, quien muy afecto a las leyes reales, convocó a una junta donde eligieron alcalde, regidores, procurador, alguacil mayor, maestre de campo y escribano. Una vez formado el cabildo, Cortés entregó las varas de los nombramientos. El primer alcalde fue don Francisco de Montejo. Como señales exteriores de la ciudad se instalaron la picota y la horca.
En este momento, Cortés se entera que ha llegado a tierra firme, donde existe un imperio gigantesco y riquísimo, gobernado en parte por un poderoso cacique (emperador) llamado Motecuhzoma (Montezuma, para Bernal Díaz del Castillo), quien tenía como vasallos múltiples caciques del país, la mayoría de ellos sometidos por el terror. Esto fue aprovechado por Cortés, quien haciendo alarde de sus cualidades de diplomático y político establece relaciones con Montezuma, al que asegura que no tiene nada contra él, pero al mismo tiempo confirma a los caciques temerosos que los defenderá contra los abusos de los aztecas. No obstante los avisos de Montezuma de que no siga adelante, avanza día con día, conquistando, convenciendo y luchando contra los que se le oponían a su arribo a la gran Tenochtitlán.

No eran sus enemigos tan solo los indígenas, actitud lógica contra los invasores, sino los propios españoles (unos por miedo y otros por envidia), quienes crearon un ambiente que obligó al capitán a tomar decisiones violentas; mandó a ahorcar e hizo barrenar las naves, a excepción de una en que envió a unos mensajeros con una relación para el emperador Carlos, en la que informaba de la conquista iniciada y reconocía como única autoridad la del monarca. Inicia la marcha hacia México y se hace amigo con los caciques de Zempoala y Tlaxcala. Lucha contra cholutecas, quienes le hicieron una emboscada, descubierta ésta por doña Marina (La Malinche o Doña Marina fue primero esclava de Alonso Hernández de Portocarrero, más adelante fue confidente y amante de Cortés, de quien tuvo como sucesión a Martín Cortés). Cortés derrotó rápidamente a los de Cholula gracias a la caballería y artillería, pero sobre todo por el apoyo de los tlaxcaltecas. El triunfo sobre los de la ciudad santa de Cholula, representa el momento en que el Anáhuac, vencido por el espanto, queda a los pies del vencedor.


Moctezuma no ceja y envía embajada tras embajada, ofreciendo vasallaje, entregando regalos con valor de hasta de 3000 pesos oro, pero insistiendo en que no fuesen a una ciudad pobre en comida, con pésimos caminos y rodeada de agua. “Los Teules” continúan su marcha, ascienden a la serranía entre los colosos de la montaña y hacen alto en un rellano desde donde aprecian la grandeza y belleza del valle que se extendía a sus pies. Moctezuma continúa tratando de impedir el paso, poniendo obstáculos en el camino, que con “risas y mofas” son apartados por los conquistadores.