lunes, 19 de mayo de 2014

El recorrido de Carl Nebel en la República Mexicana


Compilador
Aarón Vargas Contreras

Este artista – viajero publicó una de las primeras obras de tipo pintoresco, con un espectro temático amplio, dedicadas a México, incluyendo láminas que ilustran la naturaleza y los tipos de población, vistas de una serie de ciudades y motivos arqueológicos. Estos asuntos están tomados de un espacio geográfico que abarca tres áreas: el centro del país, con la capital, Puebla, y la zona arqueológica de Xochicalco; la vertiente del Golfo de la Sierra madre oriental desde Veracruz hacia el norte, llegado hasta Papantla; y la región minera del noroeste de México, con particular énfasis en Zacatecas y Guanajuato. Como puntos aislados aparecen los puertos de Acapulco, en el Pacifico, y el de Tampico, en el Golfo de México.[1]

Su precioso y encantador álbum litográfico fue publicado por primera vez en París en 1836 en el que Nebel consagró a la arqueología 20 láminas de un total de 50. La segunda edición fue publicada en español en 1840 con sorprendente aceptación en México.[2]

En su conjunto de imágenes, revela su especial predicción por la arquitectura y la escultura de piedra. De manera correlativa, los breves textos que acompañan las láminas – que tan solo pretendían “la diversión y el recreo” del lector – reflejan las preocupaciones propias de una arquitecto que enfoca su mira en los materiales y en los sistemas constructivos y que se interroga sobre las dimensiones exactas, la forma, las proporciones y las funciones de los monumentos.[3]

Recurrente en ellos es la administración de su autor por la perfección de los restos arqueológicos locales, en franco contraste con un siempre despreciativo Alejandro de Humboldt, quién consideraba a la plástica prehispánica como desprovista de todo valor estético, por ser obra de pueblos barbaros.

Nebel, por el contrario, los atribuía a las civilizaciones en toda la extensión de la palabra y los comparaba por ejemplo, con las vías pavimentadas, el coliseo y otros monumentos de la Roma Antigua, que tanto había admirado durante una estancia previa en la península itálica.[4]

El sabio prusiano Alejandro de Hamboldt, quien prologó el álbum, también lo promovió desde 1835, por medio de 3 artículos en la prensa de Berlín. En uno de los textos decía “si hoy llamo la atención del lector sobre los antiguos monumentos americanos, es para dar a conocer y recomendar un proyecto dedicado a las obras arquitectónicas y plásticas de los nativos del Anahuac (el altiplano de México), que habiendo sido realizado por un artista sobresaliente, auguramos que satisfará todos las expectativas, tanto en lo arqueológico como en lo pintoresco”.[5]


NEBEL EN LA VERTIENTE DEL GOLFO DE MÉXICO

Carl Nebel no pudo ir a Palenque, pero en cambio realizo otro viaje, alrededor de 1831, a un punto más cercano y menos costoso: El Tajín en Veracruz.

En 1831, pasó por Nautla y siguiendo el río Tecolutla, encontró ruinas totonacas en un rancho llamado Malpica y en Tuzapán así como en Papantla. En medio de las Selvas Vírgenes de esta zona descubrió algunas “antigüedades ignoradas” -Malpica y Tuzapan– según dice, que se propuso dar a conocer. El costo del viaje fue alto y después de esta aventura enfermó de una fiebre tropical durante varios meses.[6]

Valió la pena, pues varias de sus mejores láminas fueron las de su viaje a El Tajín, sobre todo la vista de la pirámide de Papantla (Pirámide de los Nichos).

Esta imagen supera a todas las hechas anteriormente sobre este sitio, como la de José Antonio Alzate y Ramírez.

Otras versiones de este viaje: En el inicio de 1831 – (Febrero Según Jean – Federic Waldeck quién anota en su diario que Nebel viajó rumbo a Veracruz con la intención de dirigirse a Papantla.[7]

Nebel realizó una expedición a los densos bosques tropicales del Totonacapan Veracruzano, viaje que le implicó un gasto de 1200 pesos y una terrible enfermedad.

Malpica en el Municipio de Tecolutla, sitio arqueológico registrado con el número 101 en la relación de José García Payón; este sitio plasmado en la lámina 39 del álbum pintoresco y arqueológico, muestra un bloque tallado en el típico estilo de El Tajín; comentando la presencia de varias pirámides y pisos empedrados.[8]

De Malpica, Nebel se dirigió hacia el noroeste y atravesó el río Tecolutla para llegar a Papantla, después de su escala se traslada a la zona arqueológica de El Tajín, solicitando el corte de árboles que crecían en torno y sobre la Pirámide de los Nichos, para elaborar la que es sin duda, la litografía más espectacular de su álbum (lamina 37).[9]

Pintó una reconstrucción geométrica de la fachada oriental (sin desplomes ni faltantes, aunque con una rara escalinata), con el fin de que el interesado pudiera obtener medidas exactas de cualquier elemento arquitectónico a partir de la litografía. Por ello los nichos de lajas de arenisca emergen esplendorosamente de entre una exuberante vegetación, y se superponen con elegancia hasta casi alcanzar los 25 metros de altura. Sin duda alguna la representación de este monumento, fue para la época la mayor fidelidad y precisión que superó con realismo las imágenes que le antecedieron.[10]

Lo que sí descubrió Nebel, fue Tuzapán, sitio del Posclásico tardío (1200-1521 D.C.), que pocos han visitado. Se localiza cerca de Chicualoque en el Municipio de Coyutla – región de Papantla – fue bautizada con el número 68 en la relación de García Payón; Tuzapán se levanta sobre una mesa rocosa ubicada a unos kilómetros de distancia del curso del río San Marcos (Cazones). El denso bosque dibujado por Nebel en su lámina 34, ha sido talado para cultivo de café, maíz e introducción de ganado, propiciando al saqueo y destrucción de sus templos, juegos de pelota, murallas, aljibes y canales.[11]

La pirámide principal –de cuatro cuerpos que suman 7.5 metros de altura y una escalinata hacia el poniente– tampoco conserva el techo de la capilla (o adoratorio) que se observa en la litografía.

Ha desparecido también la escultura de Chalchiuticue (diosa del agua) tallada en la roca viva y que hacía las veces de surtidor o fuente (Lámina 35 de álbum).[12]

Respecto a su paso por Veracruz, Xalapa, Misantla, Papantla y Huauchinango, Puebla, nos ofrece amenos textos como son la totalidad de ellos, en los que concreta lo sobresaliente del lugar en la imagen representada.



[1] Idem. P. 14
[2] Leonardo López Lujan, p.39
[3] Arturo Aguilar Ochoa, p.11
[4] Arturo Aguilar Ochoa, p.13
[5] Leonardo López Lujan, p.23
[6] Pablo Diener, p.43
[7] Arturo Aguilar Ochoa, p.13
[8] Pablo Diener, p.42
[9] Leonardo López Lujan, p. 23
[10] Ibid, p.30
[11] Ibid, p30
[12] Idem, p.30