jueves, 10 de octubre de 2013

El contestador de los abuelos - Cuento

Cuento
Por Abel Hernández García


Desde hace unos días me había sido prácticamente imposible comunicarme con mis padres, al parecer todo el tiempo andaban fuera de casa, de manera que al llamar a su teléfono solo se escuchaba la grabación de la contestadora. Estaba preocupado por la situación, y al parecer una de mis hermanas también, pues esta mañana me habló un poco desesperada de que no se podía comunicar con ellos y le urgía porque no tenía con quien dejar a sus niños. No pude contenerme y antes de que colgara le recriminé que no fuera capaz de hacerse cargo de sus hijos y tuviera que dejar tremenda carga con nuestros padres. Ellos ya hicieron su trabajo y no tienen por qué seguir educando ahora a los nietos; pero ni hablar, en cada familia hay una oveja negra. Por mi parte volví a insistir sin obtener respuesta, solo pude escuchar: “Hola, en este momento no estamos en casa, pero por favor déjanos tu mensaje después de oír la señal Beeeeep.

Colgué. Más que un mensaje, necesito hablar con alguno de ellos, pues en estos momentos me urge un préstamo para salir de un apuro.

Cuatro horas más tarde volví a marcar sin ningún resultado. En la noche me habló mi hermana contándome que ya estaban en casa y le habían contestado. Después de colgar marqué inmediatamente. Línea ocupada. Al parecer no era el único que había estado tratando de localizarlos, mis demás hermanos y yo tuvimos que hacer fila antes de poder hablar con ellos; la espera parecía eterna. Después de unos minutos logré hablar con ellos, me enteré que están saliendo muy seguido y sin horario fijo, por lo que me advirtieron que sería difícil localizarlos. Después de una pequeña charla conseguí el préstamo que necesitaba y di turno a otro de mis hermanos que seguramente esperaba en la línea.

Una semana después les marqué y descubrí con sorpresa que habían contratado un nuevo servicio de contestador, pues al tercer timbrazo escuché: “Hola, por el momento no estamos en casa, si deseas dejar un mensaje, marca 1”, “Si necesitas que nos quedemos con los niños, marca 2”, “Si quieres que…”. Colgué. En otra ocasión les llamaré.

Durante varios días intenté marcar y, sin importar la hora, lo único que escuchaba era el dichoso menú de la contestadora. Hasta que un día me sorprendió escuchar a mi hijo que se encontraba  hablando por teléfono con su abuelo. Después de que colgó aproveché para marcar, sin embargo, me desconcertó escuchar nuevamente la grabación. ¿Cómo era posible que ya no estuvieran en casa? Le pregunté a mi hijo cómo se había podido comunicar con su abuelo. Muy fácil –contestó- marca y escucha la grabación completa.

Intrigado marqué y escuché con atención la grabación:
“Hola, por el momento no estamos en casa, si deseas dejar un mensaje, marca 1.
Si necesitas que nos quedemos con los niños, marca 2.
Si quieres que te prestemos el coche, marca 3.
Si quieres que los niños duerman aquí, marca 4.
Si quieres que vayamos por los niños a la escuela, marca 5.
Si necesitas la casa para hacer una reunión, marca 6.
Si vas a salir de viaje y quieres que cuidemos tu casa, marca 7.
Si necesitas dinero, marca 8.
Si necesitas otro favor, marca 9.
Si nos vas a invitar a comer, a salir o quieres platicar con nosotros, puedes hablar, te estamos escuchado”.



Fin.