viernes, 6 de septiembre de 2013

Conspiraciones de independencia de México antes de 1810


Ensayo
Abel Hernández García

Hablar sobre un movimiento revolucionario es complicado debido a la subjetividad de los registros y crónicas, pues como lo dice el dicho: “la historia la escriben los vencedores”; dicho de otro modo, los vencidos siempre serán culpables y los vencedores siempre tendrán la razón. La Independencia de México fue consecuencia de muy diversas causas que se dieron en México desde la conquista, y principalmente durante el periodo “sin ley”, que fue de 1524 a 1531, tiempo en que México se mantuvo sin orden, ni leyes, solo la autoridad de los soldados de Cortés que hacían lo que les venía en gana en las tierras que se repartieron después de la conquista. La palabra independencia es sinónimo de libertad; y se aplica cuando un estado se libra del tributo o dependencia de otro. Con base en lo anterior, es lógico suponer que desde la conquista de México, hayan sido los indígenas los primeros en pensar en una independencia; sin embargo, debido a la falta de unidad de los pueblos, es imposible considerar estas pequeñas y efímeras rebeliones como verdaderos intentos de independencia; de manera que, y aunque parezca sorprendente, el deseo de independencia surgió entre los propios españoles que se establecieron en México, quienes en varias ocasiones y a lo largo de 300 años intentaron independizarse de España.

La primera persona que pensó seriamente en desligar a México de la Corona Española, fue Hernán Cortés; aunque no logró siquiera iniciarla, pues Carlos V, presintiendo las intenciones de Cortés, lo despojó del poder supremo de las tierras conquistadas, además de ponerle otros obstáculos. Pero Cortés consideraba que “una gran nación no puede ser dominada por otra que es más grande sólo en el nombre”.

El primer intento de independencia en México fue encabezado por don Martín Cortés (hijo de Hernán Cortés y Segundo Marques del Valle de Oaxaca), quien había heredado de su padre una enorme fortuna y poder que habían sido conferidos a Cortés como premio por sus servicios a la Corona Española, los cuales constaban de: tierras, esclavos, tributos, diezmos por la propiedad, derechos de encomienda, derecho a nombrar jueces en los dominios del señorío y de patronato eclesiástico en el orden del poder. Tanto poder en manos de una persona es suficiente para considerar posible el llevar a cabo grandes empresas. Pero como una independencia requiere de la aprobación de otros principales y nobles, don Martín buscó la ocasión propicia para plantearla, primero como broma para saber cuántos posibles adeptos habría y más tarde como un proyecto en serio. La ocasión se dio en 1564, cuando el virrey Luis de Velasco murió, y el visitador Licenciado Valderrama se regresa a España, por lo que México queda bajo el control únicamente de la Real Audiencia, compuesta solo de 3 magistrados. Con estas condiciones favorables, don Martín decide realizar una gran fiesta que duró 8 días, con motivo de celebrar el nacimiento y bautismo de sus dos gemelos, aprovechando la ocasión y presencia de todos los nobles y principales de aquel tiempo para sondear la aceptación de su proyecto.

Debido a la suntuosidad de la fiesta muchos nobles vieron en don Martín un perfecto soberano para México, y dada la gran aceptación que todos los presentes mostraron hacia el proyecto, los principales implicados comenzaron a tomar mucha confianza, al grado de ser indiscretos y hablar abiertamente sobre los planes. Algo curioso es que las autoridades que se encontraban en ese momento en casa del marques no intentaran hacer algo en contra, tal vez fue por la intimidación que les causó ver tantos adeptos a la conspiración o tal vez porque pensaban que no podía llevarse a cabo tal empresa.

El plan era que el 13 de agosto de 1566, día en que se celebraba el “Pendón” (Aniversario del establecimiento de la dominación española) pudieran dar un golpe de estado y nombrar a don Martín Cortés Soberano de México. La Real Audiencia determinó apresar a los conjurados, y el 16 de julio de 1566, hizo prisionero a don Martín y a los demás conspiradores, en un acto tan rápido y sencillo, pues los conjurados se sentía muy seguros que no tomaban ninguna precaución.

Como es de esperarse, la Corona Española no iba a quedarse con los brazos cruzados esperando a que hubiera otra conspiración, de manera que promovió entre los españoles el racismo hacia los indígenas, vilipendiando las uniones entre españoles e indígenas. Sin embargo, los misioneros lograron establecer lazos con los pueblos debido a su labor en defensa de ellos; detalle que no pasó desapercibido por la Corona, la cual se vio obligada a conceder todo cuanto el clero le solicitaba para mantenerlos de su lado.

Pero si la iglesia fue un elemento que mantuvo a la Nueva España dependiente de la Colonia, la llegada del Tribunal de la Inquisición en 1517 fue la columna vertebral de esa dominación. Antes de la llegada del Tribunal de la Santa Inquisición, ningún obispo, ningún misionero, ningún gobierno y ningún habitante sabía sobre la presencia de herejes en la Nueva España; sin embargo, al llegar la Inquisición aparecieron como por arte de magia, a tal punto que en 30 años habían sentenciado a más de 2,000 personas en una población que apenas alcanzaba los 30,000 habitantes.

Existió un movimiento de rebelión en 1624 que fue liderado por el clero, aunque en este caso no fue enarbolando la bandera de la libertad sino de justicia, pues el virrey había permitido el monopolio de los granos (productos básicos para la alimentación mexicana) a un amigo suyo, quien los vendía a precios inalcanzables. El clero defendió la causa y todo el pueblo lo secundó, quemando el palacio y la cárcel, y no cesaron hasta que la Real Audiencia aceptó regular los precios.

Después de la independencia de las Colonias Inglesas en 1783, algunos consideraban próxima la de las colonias españolas, uno de ellos era el conde Aranda, quien le explica al rey Carlos III lo inminente de la independencia de la Nueva España, y le expone un plan en que España otorgaba voluntariamente la libertad a México a cambio de ciertos arreglos que beneficiarían a España (alianzas comerciales, alianzas militares, entre otras). Como bien sabemos, Carlos III no lo hizo y más tarde España perdería toda influencia con México.

En la historia de la Nueva España existió una conspiración que es conocida como la “Conspiración de los Machetes”. Este proyecto fue planeado por don Pedro de Portilla, un pobre negociante que veía la aspiración de un México libre, y consistía en emborrachar a los centinelas del palacio por la noche para apoderarse del virrey para destituirlo y proclamar a Portilla Rey de la nación independiente; después se usaría el dinero de los nobles y declararía la guerra a España. A pesar de las nobles intenciones, el plan estaba lejos de llegar a feliz término, pues el grupo de conspiradores constaba solo de 20 personas, 1,000 de capital para la conspiración, 3 armas de fuego y 50 machetes. Este grupo fue delatado y apresados en una de sus reuniones. Debido a lo ridículo de la conspiración, no fueron ejecutados, y varios años más tarde fueron puestos en libertad.

En 1808 España ya estaba bajo poder de los Franceses (Napoleón), fue entonces cuando con el pretexto de mantener la Nueva España para el rey español Fernando VII, se comenzó a formar un proyecto de independencia para México, liderado por Fray Melchor de Talamantes, Francisco Primo Verdad y Ramos, síndico del Ayuntamiento y Juan Francisco de Azcárate, regidor. Como es de esperarse, no fue fácil debido a la ciega fidelidad a España de varios funcionarios ignorantes que no podían ver la inevitable separación; el virrey Iturrigaray sentía interés por la independencia, aunque se encontraba indeciso debido a que varios funcionarios se opusieron terminantemente a que México proclamara un gobierno autónomo de la Corona; pero esto no quedó ahí, pues Bernardo Prado y Ovejero, inquisidor de México, proclamó un edicto en que ordenaba, además de la fidelidad a España, la prohibición de toda publicación que hablara o insinuara ideas liberales y considerando éstas como heréticas y anatemizadas.
Debido a que Iturrigaray no tuvo la determinación de declararse a favor de uno u otro bando, los conservadores se organizaron y apresaron a todos los seguidores de las ideas liberales al tiempo que depusieron al virrey en un golpe de estado en que se nombró a don Pedro Garibay como nuevo virrey.

La independencia de México se avecinaba, era inevitable, la gente preparada veía necesaria una separación, aunque esperaban que fuera de manera natural y no con una lucha; entre los idealistas que buscaban la independencia se encontraban: Abad y Queipo, obispo de Valladolid; Riaño, intendente de Guanajuato; Flon, intendente de Puebla. A sus ideales se sumaron varios como el capitán Obeso, el teniente Mariano Michelena y Agustín de Iturbide, quien al no obtener el primer puesto para liderar el grupo, se desquitó denunciando la conspiración. Los conspiradores se reunían en la casa del licenciado Michelena y habían planeado que el movimiento estallara el 21 de diciembre de 1809, pero fueron aprendidos el mismo día.

Por último, en 1810 don Ignacio José de Allende y Unzaga, junto con don Juan Aldama, don José Mariano Abasolo, Ignacio Aldama, entre otros, conspiraban en la casa de don Domingo Allende, en Querétaro (también en las casas de Lorenzo José Parra y José María Sánchez), además contaban con la aprobación del corregidor Miguel Domínguez y con la esposa de éste; y poco más tarde se incluyó Miguel Hidalgo. Esta conspiración planeaba iniciar la lucha el 2 de octubre de 1810, sin embargo, fue delatada desde mediados de agosto por algunos de los afiliados y otra denuncia dada el 9 de septiembre, ponía más en claro la conspiración, pero la denuncia determinante fue que el canónigo de Valladolid Iturriaga, que se encontraba muy grave, reveló en secreto de confesión todo el plan de independencia al cura don Rafael Gil de León, quien lo dio a conocer al comandante don Ignacio García Rebollo; debido a esto se adelantó el movimiento precipitadamente e inició a las 2 de la mañana del 16 de septiembre de 1810. Esta conspiración fue la última y la que dio al final la Independencia de México.

Bibliografía:
·        * Luis Mora, José María. México y sus revoluciones, Tomo I y Tomo II. Editorial Porrúa. México 1977. Primera ed. París 1836.
·        * León Quintanar, Andrés. La biblia de México, Tomo III. Editorial Letrarte. Colombia 2005.
·         *Riva Palacio, D. Vicente. México a través de los siglos, Tomo III. Editorial Cumbre. México 1984.
 *Toro, Alfonso. La revolución de independencia y México independiente. Editorial Patria. México 1951

SSegunda parte de las respuestas al Primer Cuestionario del Mes de la Patria