martes, 6 de agosto de 2013

Arácnida


Poesía
Alma Rosa González Herrera


Al suave parpadeo de tus pestañas       
preso quedé en el fulgor de tu mirada   
destellos negros vi, y tu como la araña  
tejiste el redondel de mi morada.


Indefenso ante ti, como recién nacido,  
fui la presa más fácil que has tenido.     
Vencido y tembloroso ante tus besos,               
dejando el corazón y sentimientos presos.


Vibró el fino hilo de la telaraña,   
marcando la caída de tu presa,    
Tus besos los usaste de guadaña,         
y sin compasión rodaste mi cabeza.


El blanco hilo de la telaraña         
se pegaba a mi cuerpo, lo envolvía,       
¡no había más! ¡no había  mañana!        
¡Solo tú y yo! ¡nada! ¡nada existía!

Tus brazos, fueron mi mortaja blanca,   
Tus besos, el veneno rojo fuego
Tus ojos, el hechizo de la parca  
y Tu piel, el celestial consuelo.


Traspuse los umbrales de la muerte,      
en un éxtasis de amor y de locura,         
vi un cielo, ¡Azul muy fuerte!        
con pájaros de vidrio radiantes de Hermosura.



Así, muerto de amor llegué hasta el infinito,     
escuchando el murmullo de sacrosantos rezos          
comprendí al contemplar tu cuerpo tan bonito
¡Que la gloria eres tú! y los rezos! ¡Tus besos!