miércoles, 24 de julio de 2013

La visita del ilustre Barón Alejandro de Humboldt a Papantla y El Tajín

Por + Luis Salas García
Mucho se ha dicho sobre la presencia del ilustre Barón alemán en la entonces Villa de Papantla y por su puesto en la famosa pirámide de El Tajín con el propósito de realizar estudios de carácter científico.
Conocer la verdad, impone hacer una exhaustiva investigación a fin de dejar aclarado tan importante hecho histórico, no sólo por lo que él ha representado para el mundo de la cultura, sino por la duda que priva en la mentalidad de algunos investigadores.
Por hoy, sólo me voy a concretar a publicar importante información aparecida en el Suplemento Dominical del Diario “Excélsior”, de fecha 26 de octubre de 1919, en la ciudad de México.
El Barón Alemán.
“En efecto a principios del siglo pasado, el año de 1803, los pobladores de la Villa de la Asunción-Papantla, situada al Noroeste de la Intendencia de Veracruz, vieron llegar una bella mañana hasta la casa del Delegado a dos caballeros. Uno montaba fuerte rocín, que revelaba a las claras enorme cansancio y una larga caminata. El fango le cubría hasta los hijares y se entremezclaba a la crin sudorosa. El viajero que lo cabalgaba revelaba a leguas ser gente principal, pues calzaba fuertes botas, con vueltas charoladas, también llenas completamente de lodo, pantalón blanco y pelerina azul, sobre cuyo cuello salían los encajes de finísima corbata. En su diestra, perfectamente enguantada blandía un fuete con empuñadura de oro y marfil.
De complexión robusta, su rostro, perfectamente rasurado denotaba no sé qué de atrayente que lo hacía simpático a primera vista y la mirada de sus ojos azules tenía cierta afabilidad que cautivaba.
El segundo viajero era el mozo de estribo del otro, muchacho bien conocido en la región, por ocuparse en conducir viandantes y guiarlos por los vericuetos que conducían a la población.
La Villa de la Asunción-Papantla, apenas si estaba formándose. Pocas casas confortables tenía y la del Subdelegado no era la mejor de ellas. Su techo de tejamanil hubiera inspirado horror a otro hombre menos valeroso que aquel caballero, que, parando su cabalgadura frente a la residencia de la autoridad inquirió en forma amable por ésta.
En la plazuela que se extendía a su alrededor, toda llena de grama, brincaban chivos y gruñían cerdos en la grata compañía de innumerables aves de corral.
Salió el requerido, echó pie a tierra el caballero y presentó al subdelegado unas cartas, nada menos que de su Excelencia el señor Virrey y ello bastó para que desde ese momento se le tratara con toda clase de miramientos.
Estupefacto el subdelegado leyó que aquél señor iba expresamente a visitar la pirámide que se hallaba cerca de allí, y que se llama, pues existe todavía: El Tajín.
Antes de diez minutos, los moradores de aquella casi aldea, sabían la llegada del prominente personaje, a quién desde luego se le llamó “El Barón Alemán” y se le vio como a un mirlo blanco, tanto más cuanto que se hacían cruces al considerar  que un noble de su prosapia hubiera ido desde tan lejanas tierras sólo para contemplar las ruinas de los indios.
Aquel denodado viajero se llamaba el Barón Alejandro de Humboldt.
Las investigaciones del sabio viajero
“Cambiado de ropa y después de tomar un buen baño, el Barón fue invitado a trasladarse a una casona –la casa habitación del señor Manuel R. Calderón- única en el pueblo de dos pisos y única también que la autoridad consideró digna de tan ilustre huésped, quien poco más tarde recibía el cargamento de dos mulas en que llevaba sus instrumentos científicos.
Esta es la casa (amarilla) que menciona el escrito en que habitó el Barón.
Desde ese momento, el Barón comenzó a trabajar, sin que lo abatiera el tórrido calor que se sentía, ni los piquetes de los moscos, ni las consejas que circulaban en el pueblo acerca de apariciones de ultratumba en las cercanías de la pirámide.
Pidió al subdelegado que se mandara limpiar el bosque que rodeaba al monumento y día a día le vieron los habitantes marchar a hacer sus estudios, acompañado de su fiel guía.
Una tarde, como no regresaba al crepúsculo como tenía por costumbre, el subdelegado y varios vecinos de bien puesto corazón decidieron marchar en busca del viajero, de cuya existencia eran responsables, según las terminantes órdenes del Virrey.
Armados hasta los dientes, penetraron al claro del bosque en que se yergue soberbia la pirámide y a la claridad de unas antorchas que al efecto llevaron, vieron al Barón tranquilamente trepado en la parte superior del monumento, haciendo observaciones con sus aparatos.
Su asombro no tuvo límites y creció cuando el guía contóles que durante sus excursiones el sabio medía por aquí, rascaba por acá, cavaba la tierra, usaba de extraños instrumentos, tomaba apuntes y luego permanecía meditativo por algunos momentos. A veces, cuando algún osco indígena de las cercanías atreviese a cruzar por aquel punto, lo llamaba con dulzura, le obsequiaba monedas y quería hacerse entender de él. De muchos sacó croquis en un cuaderno anotándolos con extrañas cifras.
Cuando algún tiempo después manifestó que iba a marcharse, el pueblo acudió en masa a despedirlo y el subdelegado supo años después la grandiosa obra realizada por el intrépido peregrino. Él dio a conocer en todo el mundo a la pirámide fijando sus medidas y describiendo su construcción.”
Después de leer la anterior publicación, en la que el escritor, que maneja espléndidamente la narrativa, que pinta con los colores de su gran imaginación, detalle a detalle, todos los aspectos vividos de lo que pudo haber sido una realidad, queda en mi mente la duda. ¿Estuvo realmente el ilustre investigador alemán en la zona arqueológica del Tajín? ¿Debemos aceptar la opinión de la inmensa mayoría de personas de bien reconocida solvencia cultural, entre ellos, el poeta e historiador Don José de Jesús Núñez y Domínguez, el maestro Donato Márquez Azuara, el profesor Jorge de Castro Cancio y de otras tantas personas que en forma tradicional conocieron este importante hecho histórico?
Hagamos unas reflexiones al respecto:
Es verdad que el Barón Alemán en ningún momento informó haber estado en El Tajín y sólo se concretó a reproducir la descripción del Padre Márquez. Analizando el itinerario desde su llegada a territorio mexicano hasta su partida, encontraremos la imposibilidad de haber estado en El Tajín, porque el tiempo no se le permitió.
Veámoslo:
Hizo su arribo al puerto de Acapulco el 22 de marzo de 1803 en la fragata ORUE y prosiguió su viaje hacia la ciudad de México el 27 de marzo del mismo año, en unión de su acompañante Aimé Bonpland.
El 11 de abril llega a la ciudad de México, donde permanece algunos días a fin de presentar su documentación a las autoridades virreinales.
El 15 de mayo visitó Pachuca y Real del Monte, regresando a México el día 27 del mismo mes.
El 1º de agosto inició su viaje a Guanajuato y al volcán Jorullo, en Guanajuato realizó numerosas visitas a las minas más importantes, siendo hasta el 9 de septiembre cuando tuvo oportunidad de ascender al Jorullo.
Llegó a Valladolid, hoy Morelia, el 14 de septiembre, dirigiéndose a Pátzcuaro y Ario el 19 del propio mes.
Hizo su arribo a Toluca el 28 de septiembre de 1803 y por fin alcanzó nuevamente la ciudad de México el 10 de octubre, donde permaneció por todo el resto del año.
Fue hasta el 20 de enero de 1804, después de poco más de tres meses de permanencia en la ciudad de México, cuando decidió dirigirse rumbo al oriente del país, pasando primeramente por Cholula y Puebla.
El Nauhcampatépetl es ascendido por este viajero el 7  de febrero de 1804. Así continúa su peregrinar arribando a Jalapa el 10 de febrero.
Finalmente llega al puerto de Veracruz el 19 de febrero de 1804, de donde se embarca rumbo a la ciudad de La Habana en la fragata la O el 7 de marzo del mismo año.

Como podemos ver, este importante personaje, permaneció en la ciudad de México: 20 días del mes de octubre, los meses de noviembre y diciembre de 1803, más 19 días del mes de enero de 1804, tiempo más que suficiente para ir al pueblo de Papantla, visitar la zona arqueológica del Tajín y realizar las observaciones y estudios que según el documento practicó en ese lugar, pero nunca en los primeros meses del año de 1803, como lo asienta el referido documento.