miércoles, 1 de febrero de 2012

La vainilla en Papantla

Por Maclovio Sosa Palomino
(+ Cronista Vitalicio de Zozocolco)



Para que las nuevas generaciones, a las cuales no les tocó vivir el emporio vainillero en Papantla, tengan una idea de la grandeza de esta época.
Fue tan alta la producción vainillera en este municipio, que los patios de las casas beneficiadoras de la vainilla eran insuficientes para asolearla y tenían que sacarla a las calles y al deshidratarse soltaba los primeros aromas esenciales quedando impregnado el empedrado de estas fragancias.
Así que toda aquella persona que llegara por cualquier entrada a esta ciudad percibía el aroma de este fruto, de ahí el calificativo a Papantla como la ciudad que perfuma al mundo.
Para aquellos que estén interesados en revivir el cultivo de esta orquídea les sirva como guía para la siembra, fecundación y beneficio de este fruto.
Historia y Origen.
Las primeras noticias que se tienen de la vainilla datan del reinado azteca de Itzcóatl (1427 – 1440) en que las expediciones guerreras de este monarca mexicano resultaron victoriosas, logrando la conquista del territorio de la raza totonaca denominado Totonacapan, comprendido desde el río Cazones hasta el río de la Antigua, extendiéndose hasta parte de la Sierra Madre en sus puntos desde Huauchinango hasta cofre de Perote, sus habitantes fueron sometidos a pagar tributos diversos entre ellos el fruto de la vainilla llamado en mexicano Tlixóchitl, que quiere decir: Flor negra; en totonaco se le denomina Zacanatunu Xánat, que significa Vainilla madura y negra, este fruto lo cosechaban los aborígenes totonacas de los bejucos silvestres que se desarrollaban en las montañas de su territorio.
Debido a las inmigraciones de grandes masas de la población azteca, al Totonacapan, en 1502 a 1520, cabe considerar que las infiltraciones de la cultura mexicana al Totonacapan dieron como resultado el cultivo de la vainilla en forma rudimentaria.
La vainilla era pues usada como tributo y utilizada ampliamente para perfumar chocolate, de bebida a que tan aficionada era la nobleza mexicana. Es pues la vainilla una planta más con que México ha contribuido como ofrenda al paladar del mundo.
La vainilla se conoció en el viejo mundo, a raíz del primer embarque que de ella hizo Cortés en 1519 cuando envió a España a Francisco de Montejo y a Porto Carrero, como portadores de los réditos de la expedición, consistentes en joyas, mantas, curiosidades… entre las cuales se encontraba la vainilla. Esta fue lleva en 1793 al Jardín Botánico de París, siendo cultivada con todo esmero por el jardinero Miller.
A principios del siglo XIX fue introducida a Inglaterra por el Marqués de Blandford, floreando y fructificando en 1807 en los Jardines Botánicos de Paddington; en 1812 fueron mandadas algunas plantas al Doctor Sonmé, Director del Jardín Botánico de Amberes.
El Dr. Sonmé en 1819 mandó dos plantas a Suitezorg en Java, donde una de ellas sobrevivió al viaje, floreció en 1825, pero no fructificó.
En el año de 1822 fueron llevadas a la isla de Reunión, plantas que se habían multiplicado en el Jardín Botánico de París; en esa isla se propagó la Orquídea mexicana a la mayor parte de las comarcas del Océano Índico.
En las islas de Java, M. Teysman, Director de los Jardines Botánicos de Buitenzorg, introdujo el cultivo de la vainilla sobre bases metódicas en el año de 1846. El Almirante Romeling introdujo la vainilla en Tahití en el año 1848.
El cultivo más o menos en firme se empezó a efectuar en la isla de Reunión hacía los años de 1850; de esta isla y del Jardín Botánico de París, llevaron plantas a la isla de Madagascar, en donde desde entonces la vainilla prospera notablemente; de ahí en 1881 pasó a la isla de Mauricio; en 1886 fue plantada en las Sey-oyenlles donde pasó a sustituir al cultivo de la caña de azúcar.
Así pues, nuestra vainilla ha emigrado a otros países donde ha prosperado con facilidad, se le cultiva con esmero y se le atiende en otros aspectos. Esto indudablemente ocasionará que en un futuro próximo nuestra producción vainillera sufra un colapso originando con ello la desgracia de unas 10,000 familias totonacas que viven exclusivamente de esta orquídea; los obreros que trabajan en el beneficio no serán tan afectados, ya que la mayoría tiene medio de vida más o menos estable; los industriales que además son los exportadores, con los capitales que dedican al negocio de la vainilla podrán dedicarse con facilidad a otros negocios, en consecuencia serán los menos afectados, aquí cabe señalar que precisamente los beneficiadores-exportadores son los que siempre se han preocupado por tratar de mejorar la industria vainillera.