sábado, 26 de noviembre de 2011

Los inicios de Hernán Cortés


Por Francisco Javier Gutiérrez Hernádez


“Y verdaderamente fue elegido Hernando Cortés para ensalzar nuestra fe y servir a su majestad, como adelante diré. Antes que más pase adelante quiero decir como el valeroso y esforzado Hernando Cortés era hijodalgo conocido por cuatro abolengos. El primero de los corteses que así llamaba su padre Martín Cortés; el segundo por los Pizarros; el tercero por los Monroys; el cuarto por los Altamiranos. He puesto que fue tan valeroso y esforzado y venturoso capitán, no le nombraré de aquí en adelante ninguno de estos sobrenombres de valeroso, ni esforzado, ni Marqués del Valle sino solamente Hernando Cortés, porque tan tenido y acatado fue en tanta estima el nombre de solamente Cortés. En todas las Indias como en España, como fue nombrado el nombre de Alejandro en Macedonia y entre los romanos Julio César, Pompeyo y Escipión y entre los cartagineses Aníbal, y en nuestra Castilla a Gonzalo Hernández El Gran Capitán y el mismo valeroso Cortés se holgaba que no le pusiesen aquellos sublimados citados, sino solamente su nombre y así lo nombraré de aquí adelante …” poco puede decirse después de la extraordinaria descripción de Hernando Cortés, expuesta por Bernal Díaz del Castillo en su obra: “Verdadera historia de la conquista de la Nueva España”. Nos da idea de la calidad, el valor y el talento del conquistador.
El futuro Marqués del Valle nació en Medellín, Pueblo de Extremadura (España) el año de 1485. Se crió endeble y enfermizo, pero con un espíritu de curiosidad por todas las cosas que lo rodeaban. Su padre Martín Cortés, de noble procedencia pero de fortuna reducida, siempre deseo para su hijo una de estas tres cosas: “Ciencia, mar o casa real”. A los catorce años fue enviado a Salamanca para ampliar estudios en la universidad de dicha ciudad, en aquel entonces cuna de las letras y la ciencia de la Europa intelectual y científica. Sin embargo, Hernán Cortés no pareció dispuesto al primer deseo de su padre, porque aunque fácil en la expresión, agudo en las réplicas y certero en las observaciones, el mozuelo no perseveró en los estudios. ¿Le faltaron dineros? ¿Los estudios le enfadaron? ¿Se arrepintió de seguir una carrera para la que no había nacido? Nunca tuvo explicación sobre la causa de su deserción de la universidad. La llegada de Cortés a la casa paterna tuvo características de drama. La madre doña Catalina Pizarro, fuerte de genio, reprendió áspera y duramente al hijo inconstante. El padredon Martín Cortés que se suponía previsor y certero de juico, sufrió el derrumbe de todas sus ilusiones. El hijo inconstante no había querido ciencia. La casa real estaba lejos, quedaba el mar, o Nápoles, en el ejército comandado por Gonzalo de Córdoba “El Gran Capitán” o las Indias en la armada que se hacía a la vela bajo el mando de Nicolás Ovando. La elección para el padre, la madre y el hijo no resultó difícil. El mal estudiante iría con el poderoso extremeño a explotar las riquezas de un suelo virgen.
Pero como si el destino hubiera escogido al mozo para la realización de grandes empresas, una vez más se alteró la decisión de los padres. Cortés era mujeriego. En una cita nocturna que había previsto, salió armado y al partir del lugar donde estaba la dama a la que había visitado, cayó la tapia mal asegurada y Cortés con ella, envuelto en escombros. Un marido celoso despertó al ruido ¿era su mujer la causa de aquel escándalo? Ciego de ira arremetió contra el hombre que, al parecer, pretendía atentar contra su honor y que no podía defenderse ni con la espada, ni el broquel. Quedó Cortés mal herido, se le trasladó a su casa y allí acudió el físico (médico) quien fijó fecha para la curación, que se retrasó por culpa de un paludismo. En este tiempo la armada salió y el emigrante debió renunciar a su proyecto.
Continúa en el próximo capítulo…
Publicado en ¿K'atsiyatá? La Revista Cultural de Papantla No. 48