jueves, 18 de agosto de 2011

El chicle, de México para el mundo

Por: Jorge Fong


En este país místico y a la vez extraño, realmente desconocido para muchos de sus habitantes, se encuentran historias difíciles de entender por el común de la gente; tal es el caso de la historia del tzicli, un látex arbóreo de características muy especiales que es extraído de la selva del Gran Petén, en las selvas del sur de Campeche y Quintana Roo, donde resplandeció, pero también donde se eclipsó, la cultura maya. El tzicli fue consumido por las grandes civilizaciones mesoamericanas que descubrieron sus beneficios, pero por algunas centurias había quedado guardado dentro del baúl de los conocimientos precolombinos.
Se cuenta que en su exilio en los Estados Unidos de Norteamérica, el ex presidente Antonio López de Santa Anna llevaba consigo pedazos de tzicli, y fue así como lo descubrieron nuestros vecinos del norte, quienes aprovecharon sus virtudes y llevaron a cabo su procesamiento y comercialización masiva. Este producto formó parte hasta el año de 1994, de la lista de productos estratégicos mexicanos, donde se incluyen el petróleo, los minerales y el azufre, entre otros. La posesión del tzicli era codiciada por las tropas que peleaban en el frente de guerra en los dos conflictos mundiales; tal era su importancia que su traslado marítimo a través del Golfo de México era casi siempre custodiado por submarinos, para que arribara sin contratiempos a las plantas procesadoras de Estados Unidos, debido a que su consumo era prioritario para la disminución de la tensión propia de los soldados combatientes.
La explotación inmoderada, el desprecio por la conservación de las selvas mexicanas y el veloz desarrollo de los nuevos polímeros sintéticos dieron lugar paulatinamente a que el tzicli retornará a ese baúl de los recuerdos, y a punto estuvo de ser completamente olvidado. Actualmente, en un mundo globalizado, donde la competencia mundial se torna cada vez mas férrea, para poder ganar el gusto del consumidor, ligado a las preferencias por los productos naturales y a la conciencia de preservar nuestro entorno ambiental, ha sido necesario retomar los libros de historia y realizar una investigación científica de todos aquellos productos nombrados en las leyendas autóctonas.
Y así es como se reabre la historia del tzicli, logrando que este producto pueda ser nuevamente consumido y apreciado por las presentes generaciones, pero ahora integrando a su extracción un nuevo planteamiento que consiste en convertir a esta actividad en sustentable –económica y ecológicamente– para las comunidades selváticas. Muchas veces el empresario sueña con tener un producto único en el mundo, donde la competencia comercial esté lejana, y que ayude a su entorno comunitario, del cual se sienta orgulloso por su trascendencia hacia las otras generaciones, aportando, más que una idea productiva y comercial, un concepto integral. Esto es lo que se logró con la extracción y comercialización del chicle.

James Adams y la producción masiva del chicle   

Cuenta la historia que en la segunda mitad del siglo XIX un norteamericano de nombre James Adams, luego de observar que el ex presidente mexicano Santa Anna mascaba pequeños trozos de chicle, tuvo la idea de lanzar al mercado norteamericano pedacitos de chicle con saborizantes y azúcar. El éxito fue inmediato, logrando lanzar una reconocida marca de chicles que se posicionó en los mercados del mundo. Sin embargo, hoy en día, se ha dejado de producir en muchos países.

El Gran Petén, el corazón del mundo Maya 

El Gran Petén, región situada en el corazón de mundo maya es, después de la Amazonia, la segunda área en superficie de selva siempreverde del continente americano. El chicozapote es el árbol más abundante en la selva del Gran Petén: en algunas partes es posible encontrar más de 30 árboles en una hectárea –cuando en la misma extensión solamente se cuenta con un árbol de caoba–,los que, en ocasiones, llegan a medir 40 metros de altura con diámetros superiores a un metro. Hoy en día la explotación de esta golosina sigue en existencia y creciendo gracias a la dedicación de alrededor de 54 ejidos de Campeche y Quintana Roo que exportan grandes cantidades de esta golosina a países como Japón, Italia, Corea y Singapur.