miércoles, 23 de marzo de 2011

Leyenda de los Voladores de Papantla

La tradición de los voladores comienza hace mucho tiempo en la región del Totonacapan, cuando una terrible sequía, que duró mucho tiempo, hizo que el campo no produjera alimento, lo que provocó que los habitantes de esta región, que en gran medida se alimentaban de los productos agrícolas, se vieran seriamente afectados por una terrible hambruna; por tal motivo, los viejos, que en ese entonces eran considerados los más sabios por su experiencia, se reunieron para analizar la situación y concluyeron en que era necesario pedir benevolencia a sus dioses mediante un rito que les agradara, por lo tanto, mandaron a 5 jóvenes puros (célibes) realizar lo siguiente:


 Tendrían que ir al monte y buscar el árbol más alto y recio, cortarlo y realizar el rito en lo alto de dicho palo, ya que de esa manera ellos se encontrarían más cerca de los dioses y sería más fácil que los escuchara, pues tenían que pedir con fervor y humildad que les favoreciera con lluvias para que la tierra volviera a ser fértil y así toda la vegetación volviera a llenarse de vida y con esto los hombres dejarían de padecer hambre.


La abstinencia (sexual y etílica) de los jóvenes de alma purificada, la reverente ceremonia del corte del palo volador arrancado a la selva, la solemne colocación en el lugar donde sería contemplado por todos los pobladores, y la petición de clemencia de su rito riesgoso y audaz, hicieron que el dios Sol se apiadara de ellos, y para evitar verlos sufrir les hizo el milagro, pues una abundante lluvia colmó de felicidad a los habitantes, quienes viendo los resultados que produjo el rito, lo perpetuaron (Leyenda contada por don Alejandrino García).

Publicado en ¿K'atsiyatá? La Revista Cultural de Papantla No. 5