miércoles, 23 de marzo de 2011

La danza de los Voladores de Papantla

La gran riqueza cultural de la región del Totonacapan es muy variada, entre los rasgos más importantes sobresalen: la Zona Arqueológica El Tajín, la vainilla, la cerámica de barro, la danza de los Guaguas y el rito de los Voladores (Kosne, que quiere decir: el que vuela).


El primer paso a llevar a cabo para el rito es la tala del “Palo Volador”, la cual se mantenía vigente aún hace 30 o 40 años. Siete días antes del equinoccio de primavera (21 de marzo), el caporal les recuerda a los integrantes del grupo que no deben tener relaciones sexuales ni tampoco ingerir bebidas alcohólicas; después se dirige al monte con su machete, su tamborcito, su flauta de carrizo y una botella de aguardiente, en busca del árbol que ha de ser elegido para el rito. Cuando ya encontró el árbol adecuado, con sus instrumentos inicia el “Son del Perdón”, que es un baile que se le realiza al árbol y en el cual danzan en torno, inclinando su cuerpo con reverencia y marcando los cuatro puntos cardinales en el suelo con el aguardiente hasta completar siete giros. Después corta la maleza en un radio de 10 metros aproximadamente, además, señala los árboles que pudieran estorbar cuando el árbol elegido sea derribado para que al otro día sean cortados. Con esto termina el primer paso.


Al otro día acompañado de los demás integrantes, y con las herramientas necesarias, se dispone a cortar el árbol; pero antes de eso, baila nuevamente el “Son del Perdón”. Después se inicia a cortar el árbol. Cuando ya lo cortaron, el grupo de voladores encabezados por el caporal, quien toca sus instrumentos, danzan siete veces alrededor del palo; después comienzan a cortar todas sus ramas y corteza hasta dejar el puro tronco; inmediatamente comienzan a buscar el bejuco que habrá de servir, después de enredarlo alrededor del palo, para usarlo como escalera y subir en el palo. Al terminar, el caporal quema resina de copal y deja encendida una vela, después hace una cruz en la raíz del palo con aguardiente. A continuación, comienzan a entonar el “Son del Arrastre”, y en ese momento, todos los presentes participan para cargar el tronco y llevarlo a la plaza en donde se instalará (Ninguna persona debe atravesarse en el trayecto del tronco, ni debe estar presente alguna mujer).



Al otro día, los voladores, ya vestidos con su indumentaria de vuelo, inician la excavación del foso donde se introducirá el palo; cuando ya alcanzaron la profundidad de tres metros y medio, y un metro y medio de diámetro, comienzan a danzar mientras el caporal arroja al foso siete pollitos vivos, tabaco y un chorro de aguardiente, para que sirvan de alimento al palo y éste no reclame la vida de alguno de los voladores.


 Acto seguido, la gente reunida comienza a levantar el tronco con la ayuda de unas crucetas de tarro (antes de levantar el tronco, ya se ha arreglado el lugar en donde se colocará el carrete giratorio [Tecomate] en que baila el caporal, también se ha acondicionado la escalera con el bejuco);  una vez colocado en su lugar y fijado firmemente, el “Palo Volador” se encuentra listo para el ritual.

Según la descripción que hace Lorenzo Boturini Benaduci, dice que el rito estaba consagrado en honra de Xiuhtecuhtli, dios del fuego, a quien también se le atribuía el dominio y guía de los tiempos; de esta manera, los cuatro voladores representan los cuatro símbolos (estaciones) de los años, y al dar 13 vueltas cada uno, forman los cuatro tlalpilli del ciclo de 52 años, después del cual todo se oscurecía, era entonces cuando el sacerdote encendía el Fuego Nuevo, si se mantenía, era signo de que los dioses les habían permitido vivir otro nuevo ciclo.


 Los voladores, vestidos de aves (águila, gallo, búho, papagayo y cuervo), realizan una plegaria al Sol con la música y su danza, a esa altura se encuentran en el lugar más indicado para ser escuchados por los dioses, piden ser beneficiados con el aire, calor y lluvia, para que la tierra sea fertilizada y así poder cosechar y tener alimento para subsistir.

Este rito se ha realizado por muchas generaciones en Papantla de Olarte y esperamos que nunca muera.

Publicado en ¿K'atsiyatá? La Revista Cultural de Papantla No. 5