lunes, 10 de enero de 2011

Leyendas del Mayab


Cuento No. 1
Cuento
Luis Jorge Rodríguez Parra
Este cuento nos relata una época en que el Mayab (Estado de Yucatán) era un auténtico paraíso creado por el dios Itzamná, quien sembró árboles majestuosos y hermosas flores de diferentes colores y tamaños; con la cooperación del dios Chaac (dios de la lluvia) crearon aguadas (lagos de mucha profundidad) y cenotes (ríos subterráneos), con aguas cristalinas que reflejaban la luz del Sol y profundas cavernas que encierran mágicos misterios. El dios Hunab Ku (el dios que da la vida) se encargó de la creación de los animales y les concedió algunas virtudes: al venado le concedió mucha agilidad, al jaguar mucha ferocidad para defender a los animalitos de Mayab, al armadillo le concedió un caparazón para que lo utilizara como armadura y lo protegiera de sus atacantes, a la liebre la dotó de una rapidez muy difícil de igualar, a los peces les dio branquias para que respiraran debajo del agua, a las víboras les proporcionó veneno para que pudieran defenderse, a la mayoría de las aves les proporcionó un lindo plumaje, a otras aves les concedió trinos tan hermosos que alegraban con sus notas las bellezas de sus bosques, al colibrí la graciosidad en el vuelo, a las abejas la riqueza de su miel y al cocay (luciérnaga) le brindó la luz para iluminar los caminos por las noches.
En ese tiempo no habían creado a los seres humanos, todo era paz y tranquilidad en el Mayab, los días transcurrían en forma monótona y aburrida, pues cada animalito hacia lo que quería y no tenía tareas específicas. Fastidiados por lo cotidiano de sus vidas, decidieron reunirse para platicar de esta situación y tratar de encontrar una solución; pidieron la presencia de los dioses Itzamná, Chaac y Hunab Ku, para que sirvieran como jurado para nombrar un rey y crear leyes y darle un significado más importante a sus vidas.
Los dioses llegaron al Mayab y se inició el certamen para elegir al rey, se presentó el venado, la calandria, la liebre, el jaguar, el colibrí y la abeja; cada uno demostrando sus cualidades; hasta que finalmente le tocó el turno al pavo, quien abrió el plumaje de su primorosa cola, entonó los mejores trinos y fue el ganador; por lo que desde ese momento se le llamó Pavo Real. Los primeros días del certamen todo era dicha y tranquilidad, al paso de las semanas el pavo real empezó a demostrar su vanidad obligando a sus súbditos a presenciar, durante la salida del sol, como abría el plumaje de su cola real y los trinos que entonaba, lo mismo sucedía durante la puesta del sol (cuando se ocultaba). Les dio obligaciones muy pesadas y los trataba en forma despótica, incluso les decía que los que no estuvieran de acuerdo que se fueran del Mayab.
Los animalitos citaron nuevamente a sus dioses para darle solución a este problema. Los dioses citaron al pavo real y le pidieron que tratara mejor a sus súbditos y que fuera menos vanidoso. Enojado el rey corrió a las deidades del Mayab, y como no podían quitarle el título real que ellos le habían concedido, decidieron castigarle en otra forma; convirtieron su hermoso trino en un ruido tan horrible que, aún en la actualidad, los que oyen, por el camino del Mayab, los graznidos del pavo real huyen despavoridos hasta llegar a sus chozas.
En la actualidad el pavo real se esconde para entonar sus graznidos y ha perdido parte de la belleza de su plumaje y de su vanidad.