miércoles, 8 de diciembre de 2010

Los guaguas en Papantla



La danza de los guaguas  es de origen prehispánico y es una variante de la danza de los Quetzales. En ella se desborda la alegría cuando, convocados por la flauta y el tamborcillo del caporal, cuatro danzantes giran aferrados de los extremos de las aspas de un molinete de madera rojiza fabricado con tecnología tradicional, el vuelo vertical y circular de los danzantes remite a un simbolismo que evoca antiguas ideas acerca de los movimientos del astro solar, que nace en el oriente permanece radiante de luminosidad en el cenit y descendiente por el rumbo de occidente para luego hacer su viaje nocturnal por el inframundo y después reaparecer nuevamente al occidente lo que relaciona con el culto solar los tocados resplandecientes.


En totonaco se conoce como Lakga,  nombre de un pájaro que se extinguió. Algunos autores dicen que Cuezaltzin era “llama de fuego” o el dios de fuego y se asociaba con la guacamaya.


Esta danza es sin duda, un rito ligado a la agricultura, con connotaciones solares y cosmogónicas.
Lo cierto que la danza de los guaguas, aparece en conjunción con la de los voladores, sugiriendo una asociación nada fortuita con el culto de la fertilidad dedicado al dios Xipe Totec, señor de la vegetación que renace cada primavera.


En la sierra totonaca se cuenta que hace cientos de años llego un pájaro que impresionó a los pobladores por los colores de su plumaje, el tamaño de su cola y su trino que repetía Lak-Lak-Lak. Esta ave era perniciosa para los sembradíos de maíz en Coyutla, donde además, por tradición oral es muy difundida la versión de que el hermoso pájaro después de la lluvia manifestaba su alegría asiéndose con las patas a la rama de un árbol y girando de arriba hacia abajo daba varias vueltas “loco de alegría”. El ave multicolor fue el motivo de algunas danzas antes de la siembra, para que dejara de arruinar a los campesinos y como no lograban ahuyentarla fue combatida con tesón hasta que emigro de la región.  Algunos ancianos dicen que era el quetzal.


El traje de los guaguas es similar al de los voladores,  esta es una razón para considerar los dos segmentos del mismo rito propiciatorio dedicado al sol, es decir, a las deidades que rigen los fenómenos  naturales asociados a la fertilidad de la tierra, a la cosecha de alimentos, a las formas elementales de subsistencia del hombre.
El pantalón de terciopelo rojo lleva adornos horizontales a la altura de la pantorrilla confeccionados en tira bordada de espiguilla metálica dorada o plateada, y en la orilla lleva galón amarillo; se usa encima del pantalón blanco de uso diario, lo cual es visible.
El penacho, hermoso abanico multicolor es de 60 a 70 centímetros de diámetro, tiene una base cónica de armazón de carrizo forrado de satín rojo, al que se le coloca un circulo de varillas de tarro delgado en el que se entretejen tiras muy angostas de papel metálico de diferentes colores, formando vistosos diseños y a ultimas fechas letras o palabras. Se sujeta a la barba mediante     un pañuelo color rojo.
La orilla del circulo del penacho, una vez tejido este,  se  decora con plumas blancas de ganso para que semeje un resplandor, y se coloca en la cabeza del danzante dando el filo a la frente, por lo que el diseño solo puede apreciarse viéndolo de costado.
Se afirma también que el penacho simboliza el arcoíris, esa franja curva y cromática que se pinta en el horizonte después de la lluvia, y también, que resume la gama multicolor del plumaje del pájaro quetzal.
El color rojo que predomina en el vestuario de los guaguas y voladores alude al rito de la fertilidad de la tierra, a la sangre producida en el ceremonial de los sacrificios humanos: culto, por demás, practicado en todas las antiguas religiones del mundo, ya que es una creencia universal que la sangre ofrendada sirve para regular la fuerza de la naturaleza, y para abonar los surcos, montes y selvas.
Calzan botines de color negro, por lo que el espectador puede apreciar mejor el zapateado sobre la tarima, ejecutado antes de subir a la cruceta.


En la primera parte, los  danzantes ejecutan un zapateo agitando una sonaja que llevan en la mano derecha, enmarcada por música de flauta  de carrizo y un tamborcito que ejecuta un músico que no es oficiante.
La música producida por la delgada flauta  de carrizo de 3 orificios y el tamborcito de doble parche de cuero de conejo, golpeado con una pequeña baqueta que marca el ritmo y produce las percusiones, se debe a esos instrumentos legendarios que forzosamente confecciona el músico ejecutante.
Se baila un zapateado en el primer tiempo, sobre una tarima a  ras del suelo; acto seguido los danzantes suben al molinete, el cual hacen girar con el peso e impulso de sus cuerpos conforme se van colocando en lo alto, cada uno en un brazo de la cruceta o aspa, progresivamente.
Los sones principales son: el de la bendición, el del perdón, el de la calle, el del vuelo, el de la cadena, el zapateado, el de la guasanga y otros que integran un repertorio de más de 30.
Mientras que la danza de los voladores es una petición de lluvia (con la que dará inicio el ciclo agrícola y la siembra).la de los guaguas es una acción de  gracias por los dones que recibieron del cielo, por las lluvias fertilizantes; también se dice que es ”la algarabía de loros y papagayos por las lluvias que han llegado”.

Por eso la música de los voladores es plañidera, triste, melancólica, por que implora, ruega; de la misma manera su movimiento rotatorio es lento y solemne en cambio, el sonido de la flauta de los guaguas es alegre, intenso, vibrante, así como dinámico es el movimiento giratorio vertical, porque representa regocijo y alegría, cuando ya la lluvia se ha manifestado como bendición celeste para regar los surcos.
Es entonces cuando se inicia el rudo jornal del hombre del campo y de los pueblos prehispánicos que eran fundamentalmente agricultores.
Después habrá nuevos cantos, nuevos ritos, tal vez otras danzas para que se logre la cosecha, o para cada momento de la vida del hombre, de acuerdo al grado de religiosidad de estos pueblos.

Artículo publicado en ¿K'atsiyatá? La Revista Cultural de Papantla No. 35