lunes, 13 de diciembre de 2010

Leyenda de la Serpiente que se transforma

Leyenda de la Tapaláj luhua “Serpiente que se transforma”
La leyenda de la Tapaláj luhua tiene que ver con la danza de los voladores, Qoosniin “vuelo de los muertos”, o Yujnuniin “caída o descenso de los muertos”, como lo dicen los totonacas de Villa Juárez, Puebla.
Según la leyenda, entre otras gracias, Qooló Chichiní, Dios Calentador, el Sol, concedía a las almas de los Atlantis “los que son buenos”, moradores del Caliniin itat pupunú “del lugar de los muertos en medio del mar”, permiso para que todos los años durante la máxima festividad totonaca Niiniin “los que no mueren: las almas”, vinieran al Caliniin Catiyatne “al lugar de los muertos en la tierra” a convivir con sus “dobles” y a ser agasajados por familiares y amigos durante una semana.
Enfrente del Caliniin Catiyatne se instalaba el mástil escogido en el monte entre los árboles tzacat quihui más altos y rectos, el palo del volador era jalado con bejucos y rodado sobre polines por toda la comunidad masculina, la danza dirigida por el Xamán, quien no cesaba de tocar y bailar en todo el recorrido; el hueco donde pararían el mástil ya estaba hecho y puestas a su alrededor vigas largas, de madera rolliza para nivelar el mástil; el día que llegaba el mástil al hueco, el Xamán, acompañado de toda la jerarquía eclesiástica, el Iscuhuaná, el Matuktiná, el Catziná, el Isquininá y todos sus ayudantes echaban al fondo del hoyo perdices, codornices, palomas y chachalacas, para que al entrar el mástil las matase y ya no pidieran más sangre, porque las almas no la tenían.
El Xamán pronunciaba una oración, echaba copal al fondo, Qalhpuxam (hierba o flor de muerto), unas figuras hechas de palma de coyol tierno y una vez terminada la ceremonia ordenaba por medio de una señal que procediera a parar el mástil; tijeras de tarro, palancas de madera dura y largos bejucos era el material ocupado para este trabajo, el mástil era elevado poco a poco llevando el cuadro, la manzana y escalera de bejuco puesta, la danza no cesaba de tocar y el resto de la comunidad jubilosa contemplaba el acto.
Una vez instalado el mástil, por medio de las maderas largas, se nivelaba y se afianzaba, cuando ya estaba listo, el Xamán y su cuadrilla de danzantes bailaba alrededor del mástil.
El día señalado tas, tu, nut (a medio día) se subían al cuadro que representa al cielo, cuatro danzantes, disfrazados de Tatimulu (cardenales), pájaros rojos con copete, representantes de las almas de los Atlantis, sus “dobles” se sentaban en el cuadro inmóviles y sin hablar; en seguida subía el Xamán con tambor y flauta y se sentaba en la manzana y empezaba a tocar sus instrumentos pidiendo permiso al Sol para decir su plegaria, cuando consideraba conveniente se paraba y empezaba su danza brincando hasta medio metro en una manzana de madera de 40 centímetros de circunferencia y 30 metros de altura, en un mástil ligeramente movible; por medio de su flauta y tambor pedía al ser supremo, el Sol, que diera órdenes a la Tapaláj luhua para que abriera las puertas del Calinin pupunú para que todas las almas de los Atlantis vinieran a tierra y acompañados de sus “dobles” del Calinin Catiyatne y sus familiares y amigos gozaran de las fiestas de Niiniin (los que no mueren); cuando el Xamán consideraba que ya el permiso estaba dado y las almas libres, se volvía a sentar y después de volver a tocar sus instrumentos ordenaba a los “dobles” de los Atlantis, que bajaran volando a tierra, donde una gran multitud los esperaba con grandes muestras de alegría y empezaban los festejos, ese día llegaban los “chiquitos” y al día siguiente al medio día llegaban los “grandes”.
La conmemoración del Niiniin (los que no mueren: las almas) era única en el Calinin Catiyatne, reunía multitudes, desde un día antes grandes columnas de humo negro espeso Tajín (humo grueso o humareda), salían del centro religioso y eran observadas a gran distancia; al día siguiente muy temprano los caminos y veredas se llenaban de gente, toda en una misma dirección, Calinin, la fiesta era colectiva, cuando los totonacas abandonaron el Tajín, la conmemoración pasó a ser familiar y se celebra hasta la fecha con gran devoción en todos los hogares totonacas.
Fuente: Memorias del Totonacapan. Juan Gutiérrez Marié.
Publicado en ¿K'atsiyatá? La Revista Cultural de Papantla No. 39
--  Cordialmente,  Abel Hernández García Director de ¿K'atsiyatá? La Revista Cultural de Papantla  Visita: http://culturaenpapantla.blogspot.com/ http://www.youtube.com/user/katsiyata?feature=mhsn