sábado, 4 de diciembre de 2010

Existe un control oculto que ejercemos cuando dominamos bien una habilidad

Gordon Logan y Matthew Crump, psicólogos de la Universidad Vanderbilt,
realizaron pruebas en 72 jóvenes de unos 20 años de edad que tenían
cerca de 12 años de experiencia en la mecanografía y tecleaban a
velocidades comparables a la de mecanógrafos profesionales. En tres
experimentos, estos mecanógrafos jóvenes y hábiles tecleaban palabras
aisladas, mostradas de una en una en la pantalla de un ordenador, y lo
que tecleaban aparecía bajo la palabra a ser copiada.

Los investigadores entonces introdujeron errores secretamente para ver
si los mecanógrafos eran capaces de detectarlos. En algunos casos, los
investigadores hacían lo contrario; corregían secretamente los errores
hechos por los mecanógrafos. En ambos casos, las reacciones de los
mecanógrafos eran evaluadas midiendo la velocidad con que eran tecleadas
las palabras.

Logan y Crump descubrieron que los dedos de los mecanógrafos no perdían
velocidad después de que era insertado secretamente un falso error, pese
a que los mecanógrafos, al descubrir la errata, pensaban que la habían
cometido ellos. Pero cuando los mecanógrafos cometían errores, sus dedos
sí perdían velocidad, tanto si los investigadores corregían esos errores
secretamente como si no lo hacían.

La falsa impresión sobre la autoría de los errores fue lo más
sorprendente. Las personas pensaban que tecleaban correctamente si en la
pantalla aparecía correctamente la palabra tecleada, y creían que lo
hacían incorrectamente si veían erratas. Sin embargo, sus dedos
"conocían" la verdad.

Este "conocimiento de la verdad" demuestra que las tareas para las que
una persona es hábil, hasta el punto de que las realiza sin pensar,
están, aunque no lo parezca, muy controladas por esa persona.

Hay por tanto dos procesos de detección de errores: Uno plenamente
consciente que, en el caso de estos experimentos, se basa en los errores
tipográficos que la persona ve en la pantalla. Y otro más sutil, del que
la persona no es del todo consciente, que es el que hace disminuir la
velocidad de los dedos al teclear justo después de que la persona haya
cometido un error verdadero.

Según los investigadores del proyecto, estos movimientos de los dedos
muestran que las personas controlan de manera relativamente consciente
las acciones en las que son muy hábiles, aunque no piensen en ellas.

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Cordialmente,

Abel Hernández García
Director de ¿K'atsiyatá? La Revista Cultural de Papantla

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